¿Como es posible que una mujer de 74 años pueda cantar durante hora y media, sin perder un atisbo del timbre, de la vocalización y de la afinación que le han hecho famosa de los últimos cincuenta años?.

Es el fenómeno Wanda Jackson, que quería ver por mí mismo. El Rock Kitchen de Madrid fue el escenario de la increíble demostración del maravilloso fenómeno Wanda. Y lo más increíble: un día antes había hecho lo mismo en Barcelona y supongo que esta noche en Cartagena, lo mismo.

Le da igual cantar con un conjunto con el que no lo había hecho en su vida. Es un portento de la naturaleza. Con su peluca negra, sus lentillas de ojos verdes,su lápiz de labios de tantos años, sus pendientes simulando diamantes, su eterna sonrisa y su enorme poder de persuasión.

No, no me ha extrañado nada, en absoluto que Jack White la resucitara en el mundo de la estrellas actuales, con un álbum impecable e implacable.

Resultó que su “nueva banda”, es una banda magnífica de rockabilly de Antwerp (Belgica), de Amberes, en castellano. Un sólido batería de los antiguos, con la silleta muy arriba y los timbales bajos. Un contrabajo de palo excelente, un teclista a lo Jerry Lee Lewis y un excelente guitarrista. Se llaman The Seatsinffers y son magníficos en el estilo en que ella es la reina absoluta, el rockabilly.

Wanda apareció con su echarpe de brillantes a los Nashville y desgranó una a una sus grandes clásicos . Por ejemplo, cantaba formidablemente Let´s hace a party y nos contaba que a los españoles también nos gusta mucho la juerga, la fiesta . Era su forma de descansar entre canción y canción. No faltó recuerdos a su “novio” Elvis Presley y como la convenció, le empujó para que siguiera cantando .

Pero, ¿que pasaba en realidad?. Que casi no podíamos oirla. El ingeniero, que era el belga del propio grupo, no podía subir el “fader” de la voz de Wanda , porque se aclopaba. Pero, ¿que queríamos con 74 años?. Wanda emite poco de su voz, por eso el “backing track” de la banda debía estar muy bajo. No había otra solución.

Pero su timbre sigue siendo  magnífico y no deja de  engacharnos  a todos con su mágico ‘There´s party going on'. Wanda dejó para la última parte de su actuación los temas del álbum que ha producido Jack White, al que puso como un músico sensacional, como un ser único, diferente. Un loco maravilloso.

Sonó excelentemente ‘Shakin all over' y ‘Thunder on the mountain', la versión de Dylan. También se detuvo en su buenísima versión en directo de ‘You know that I´m no good' de Amy Winehouse, a la que dedicó unas maravillosas palabras. De diva a diva.

Me decían que Wanda tenía en su contrato una actuación de hora y cuarto, pero al final había invertido ochenta y siete minutos. Increíble. La gran dama sudaba, tiraba el agua a la audiencia.

Pero ahí estuvo, sin desafinar, sin perder la compostura.

En la vida, los trenes importantes sólo se detienen una vez en la vida. Este era el momento perfecto para saludarla, para conocerla personalmente. Y no perdí la ocasión.

Quince minutos después del concierto entramos en los camerinos, con mi amigo Manuel Fernandez, el sabio número uno de la música country en toda Europa.

Nos dicen que Wanda está enferma, con catarro y como suponíamos muy cansada, muy cansada.

No me rindo. Insisto tanto, que logramos el visto bueno de Wendell Woodman, su manager, que no es otro que su marido. Manolo le saluda cariñosamente, porque ya había cenado con Wanda y su marido hace unos años durante un festival en Tarrasa. La pareja es muy aficionada al buen vino tinto de nuestro país.

El camerino es pequeñísimo, absurdo. En una esquina, arropada con una toalla blanca está Wanda. Su rostro delata cansancio , pero ni muchos menos sus 74 años. Se habrá estirado maravillosamente el rostro, porque hay mucha diferencia con su manos de señora muy mayor.

-Muchas gracias por habernos dado un concierto  para mí inolvidable.-le digo-

-Muchas gracias a vosotros por venir.

-El concierto ha sido muy cálido, muy apasionado. Es la misma mentalidad española.

-Ya he dicho que estuve aquí hace siete años y me impresionó mucho el calor de la audiencia, como reaccionan a canciones que fueron éxito ni cuando ellos había nacido.

-Pero es que Jack White ha obrado el gran milagro de colocarte nuevamente en el asiento de las estrellas.

-Mira, Jack es increíble. ¿Sabes por qué lo es?. Porque ama la música por encima de todo. Y no se equivoca cuando apuesta enormemente contra corriente.

-¿Lo dices por atreverse y convencerte de que hicieras el tema de Amy Winehouse?. Lo cierto es que le pegaron por todos lados.

-Ahora, cuando canto el tema de la chica, en cualquier parte del mundo, las audiencias se ponen muy sentimentales. Todos queremos recordar a una gran estrella.

-Hablé sólo dos veces en mi vida con Amy y la última estaba muy contenta de tu versión. Muy contenta.

-Para mí es un gran honor. ¿Por qué, como murió?.

-La vida. Bueno, el alcohol. Es una triste historia. Pero está su música.

-La vida de una artistas siempre es un camino muy difícil.

-¿Como puedes aguantar tanto tiempo en el escenario?

-Mi vida es el aplauso. No puedo vivir sin aplausos. Es mi vida.

Wendell se pone pesado. Dice que ya está bien, que está muy cansada, pero le digo finalmente.

-No hace mucho mucho estuve en St. Louis y ví a Chuck Berry, precisamente, en su guarida, en el Blueberry. Al verte aquí, esta noche, se me ha ocurrido que sería muy interesante un álbum de duetos entre tú y Chuck Berry.

-Que buena idea, que buena idea. Por favor, cuentasela a Jack -se iluminan sus ojos- . Seguro que Jack lo consigue. Sería maravilloso.

Nos da unos besos y, al despedirse, no puedo dejar de sentirme nostalgico. Como si hubiera visto por última vez a una de las mujeres más maravillosas de la historia del rock. Lo es. En su inmensidad, en su grandeza… la gran Wanda Jackson. Besos.