Nunca había visto  a un Danny Boyle tan acelerado como el que ví en los Oscars. Me contó que la producción teatral de Frankenstein le tiene superado. Que jamás creyó que el teatro pudiera producirle tanto stress o más que una película.

Me confirmó que para este proyecto tan futurista había aprovechado la amistad con Underworld, como en los tiempos de Born Slippy en Trainspotting. Por supuesto, a A.R. Rahman  que ahora es su compositor de cabecera, no le había molestado en absoluto.

La puesta en escena es soberbia. El nuevo tratamiento lo ha escrito Nick Dear, saltandose muchas cosas de la maravillosa novela de Mary Shelley, creando un eterno Prometeo maravilloso.

La musica de Underworld encaja maravillosamente y ya han planeado el lanzamiento de un álbum, que no tardará ni un mes en aparecer en el mercado.

Boyle precisamente comenzó con el teatro, con aquellos esplendidos trabajos que eran Genius de Howard Brenton y Saved de Edward Bond.

Abajo, Underworld , en la puesta en escena.