rickie-lee-jones1A Rickie Lee Jones le llaman la “duquesa de  la ciudad que mola”. Pero mejor sería llamarla “caballo salvaje” o “zorro plateado” de la música. Simplemente, es como el agua, que siempre se te escapa por entre las manos. Indomable, irreverente, pérfida, soñadora, graciosamente izquierdista, progresista ecológica. Pero más que eso: tiene la voz más dulce, más angelical, pero en cine negro. Es increíble.

A sus 54 años todavía es un reflejo libre y perdido de la generación de Woodstock. Puede ser el último rastro de  una hippie.  Fantasear con las drogas, pero dista mucho de ese espirítu bobalicón de las “groupies”, porque a ella siempre le gustó el jazz. Más que el rock, más que el pop, más que los clásicos, aunque ganara un grammy con una versión apoteósica de ‘Makin whoopee', con el irremediable Dr. John.

Hablamos, porque ha publicado su último álbum, en el que ha vuelto a componer con sus rasgos superiores de brutal realidad. Se llama “Balm in Gilead”. No hay una sóla versión de tema conocido.

P.- ¿Por qué no te gustan las entrevistas?.
R.- Porque hay demasiados topicazos. El otro día, en  Nueva York, en dos emisoras de radio me preguntaron absolutamente lo mismo. Es increíble. Me hubiera gustado que esta entrevista la hubiéramos hecho por “e-mail”. Así tengo más tiempo, más reposo para redondear mis respuestas.

P.- ¿Qué pintan Ben Harper y Alison Krauss en tu nuevo disco?
R.- Conozco mucho a la mujer de Ben y tenemos muy buena relación. Le pedí una colaboración y cuando cantó en el tema ‘Old enough' me quedé engachada. ¿No te recuerda la voz a James Taylor?.

P.- Es verdad, incluso creí que era el propio Taylor, pero y la Krauss, no me digas que ahora te gusta el “country”, ¿ cierto?.
R.- Escucha, Alison no canta en el tema ‘Remember me', sólo toca el violín. Es francamente buena. Se portó muy bien. Tiene esa cadencia tan musical, tan graciosa. Pero no, sigue sin gustarme el “country” o el “bluegrass” de Alison. Creo que me llegué a interesar en los años sesenta , con Johnny Cash, Jim Reeves, pero se acabó. Ahora me parece un pálido reflejo de lo que fue.

[ad#adsense-250×250]P.- Me ha llamado la atención que no hayas hecho versión alguna, salvo una nueva recreación del tema icono de tu padre, ‘The moon is made of gold' (“La Luna está hecha de oro”). ¿Ha sido como un viaje sentimental?
R.- No, en absoluto. No es la primera vez que hago ese tema, pero siempre es una especie de referencia para mí.  Bueno, es como una nana de mi niñez Mi padre la hizo para nosotros, para sus hijos. Es una buena balada de un guitarrista de jazz, porque mi padre era un buen músico. Esa canción ha sido siempre mi guía para saber como cantar, como componer, para llegar a saber como se cuenta una historia en una canción.

P.- ¿Sigues escuchando discos de jazz?
R.- Sí, claro, pero los clásicos. Un poco de Ornette Coleman, un poco de Charlie Parker y, sobre todo, el “Sketches of Spain” de Miles Davis. Todo el mundo siempre habla de “A kind of  blue”. Yo prefiero este, justo el inmediatamente posterior al que todo mundo prefiere. Es del año 1960.

P.- Que bien. Lo digo ,porque en ese álbum hay un arreglo maravilloso del “Concierto de Aranjuez” . ¿Te gusta la cultura española?
R.- No tengo mucha idea de ella. Quiero decir que no soy una especialista de Lorca ni nada de eso. Ni siquiera conozco mucho de música española, salvo cuando me hablan del flamenco, pero me lo tomo como algo anecdótico.

[ad#tradedoubler-300×250]P.- Perdona, pero me muero por saber lo siguiente: ¿por qué no aceptastes el papel que te ofreció Coppola en “Una corazonada” ?.
R.- Primero, porque no me gustaba el papel y segundo porque Coppola nos quería a mí y a Tom (Waits). Y resulta que yo acababa de dejar a Tom. No lo soportaba. Nos hubiéramos matado.

P.- ¿Qué tal te llevas con Tom Waits, ahora, treinta años justos después de vuestro “amour fou”?.
R.- Nada, no nos llevamos. No he vuelto a hablar con él. Punto. Es así.

P.- ¿Vives sóla?.
R.- Sí, con mis jardines. Bueno, los últimos veinte años no salgo de Los Angeles. A veces vivo en Malibú, o en santa Mónica o en San Fernando Valley. Siempre cambio de casa. Me gusta cambiar. De vez en cuando viene a verme mi hija Charlotte Rose. Pero vivo sóla. Ni un hombre más.

P.- Toda tu vida como en una gran escapada hacia el infinito, como los caballos salvajes, pero no logro entender tu álbum “The Sermon  on Exposition Boulevard”. ¿Tanto te interesaban las palabras de Cristo?.
R.- Para hacer ese álbum tuve como guías a tres libros. Naturalmente, la Biblia. Luego el que escribió mi compañero en aquellos días, Lee Cantelon y, por ultimo, el libro de Eric Edelmann. Por último, no transcribí la palabra de Cristo. Improvisé sobre ella en textos y melodía.

P.- Me extraña que sea una persona religiosa. ¿Lo eres?
R.- Sí, sí que lo soy. Pero no creo en Cristo, sino en una forma abstracta. Creo en Dios, pero como concepto genérico. Odio por otra parte todo lo que recuerda a las iglesias, a las mezquitas, al mercado religioso que son los que viven de Dios, todos los sacerdotes falsos o verdaderos. El mundo está lleno de impostores.
Abajo, la gran canción “nadie sabe mi nombre”.
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