Leo en estos día un libro que me cautivó desde las primeras frases. Se llama 33 Revolutions per minute: A histoy of protest song, magníficamente narrado por Dorian Lynskey.

Se trata de un libro que analiza las grandes canciones contra culturales, de protesta, desde ‘Strange Fruit' de Billie Holiday a las últimas canciones de .

Y justo aparece la noticia de que ha logrado un contrato con New West Records para publicar el tercer álbum del proyecto que él llama The Nightwatchman, al que ha puesto el título de “World wide rebel songs”.

Ha sido activo en los últimos meses con el tema de la discriminación en Arizona y es crítico hasta con Obama. Todo quedará reflejado en el nuevo álbum.

Ya he dicho en varias ocasiones que Tom Morello es mi guitarrista favorito de los últimos tiempos. Quizá porque ha sabido darle un nuevo impulso al sentido de la guitarra, a veces sólo apoyada en la cultura del rock.

Sólo he hablado una vez con Morello. Fue en Madrid, al principio, de Rage. Es un tipo cultísimo. No se olvide que fue el primer estudiante que llegó con una beca a Harvard y acabó graduado en ciencias políticas. Un licenciado que tuvo que trabajar de stripper en Los Angeles, antes de conocer a Zack de la Rocha.

Los dos primeros álbumnes de Morello con The Nightwatchman, “One man revolution” y “The Fabled city” era más que interesantes. Recientemente, había creado otro grupo con Boots Riley de The Coup, al que puso de nombre Steet Sweeper Social Club.

Tom Morello tiene el mismo ADN de grandes escritores de música de protesta como Country Joe Mc Donald, Pete Seeger, Tom Rush o The Clash. Una raza olvidada, con grupos acomodados a los sponsors y a la falsa caridad para festivales benéficos o  a la lucha del SIDA en Africa

Abajo, ‘Road I must travel' con The Nightwatchman.