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Con precisión absoluta, conocí a Phil Collins el 29 de agosto de 1976,en una “roulotte”  cuando actuó con su flamante grupo de jazz Brand X , en el Festival de Reading.

¿Por qué me acuerdo?. Porque amén de ser una persona afable, nada diva, nada soberbia, me ofreció un “joint” y nos lo fumamos juntos, durante la entrevista. Nunca jamás me había pasado antes con un artista. Phil Collins ya tenía fama , como batería de Genesis también, de ser uno de los mejores baterías del mundo.

En la autobiografía, “Aún no estoy muerto” cuenta como mi amigo Richard Williams, que fue crítico en el “Melody Maker” y que había “caido” como director artístico de Island-ahora es critico deportivo en “The Guardian”-  , le pedió a Collins que tocara la batería en un excelente grupo de jazz llamado Brand X .

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Phil se echó a las espaldas la nueva responsabilidad. Como lo mismo hizo cuando Peter Gabriel dejó a Genesis, y a pesar de las audiciones, no encontraron un buen cantante y Phil , por petición popular de Mike y Tony, fue el nuevo cantante de Genesis. Por cierto, con bastante más éxito comercial que el propio Peter Gabriel , que ya se había convertido en un divo, como cuenta el propio Collins en el libro.

Todas estas anécdotas son los mejor del libro.  Como la que narra de George Harrison, cuando no le incluyó en los créditos de “All things must pass”, a pesar de que le habían  sangrado las manos , tocando las congas en un tema. También anécdotas como Patti Harrison y él mismo tenían que acostar a Eric Clapton, dormido tras tomarse una botella entera de brandy con “·ginger ale”.

Es curioso como el propio Clapton me contó que para él, Phil era la perfecta imagen, el mejor reflejo  del músico. Como instrumentista, como compositor, como arreglista, como productor. Eric me dijo que le llamaba “Don Perfecto”. Así, en castellano.

Pero aunque quiera dramatizar excesivamente su historia, su vida , sobre todo, en tratar de convertir su alcoholismo en tragedia- que sería de Clapton , – con su adicción a la  heroína y alcohol- , Phil Collins siempre ha sido un músico maravilloso, con un perceptible complejo de inferioridad, que trataba de paliarlo con mujeres, esposas, hijos y millones en divorcios.

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Le costó muchos millones  divorciarse de la “angelina” Jill Tavelman, a la que tuvo que comprarle como capricho la vieja mansión de Cole Porter , en Beverly Hills, porque cuando era pequeña siempre le había gustado su arquitectura,  al pasar con el autobús del colegio.

Para casarse con su tercera esposa la suiza Oriana, de la que también se divorció y,ahora vuelto, pagó una barbaridad de millones. Pero él mismo me dijo que “es posible que cada vez que hacía el amor con Oriana me costaba mil dólares, pero tenía dinero y prefería pagarlo para lograr el divorcio”.

Su operación de re-editar sus discos en solitario,publicar su autobiografía, un disco de grandes éxitos y salir de gira, ha sido un movimiento perfectamente planeado  ejecutado.