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gana dinero con la música, su esposa Trudie se lo gasta produciendo películas que no convencen. Ayer pudo ella poder estrenar su última película, Filth, en Nueva York, casi un año después de su estreno en la Gran Bretaña. Allí estaba Sting, en el estreno, que sigue supervisando lo que ha hecho para un musical sobre una historia de su ciudad natal, Newcastle.