Para 1974, “Diamond Dogs”, David Bowie estaba estirando en exceso su crédito glam rock y a pesar de ser un buen, oscuro, disco (favorito de John Lydon) no resultaba ya tan rompedor como “Ziggy Stardust” o “Hunky Dory”. Sabía que tenía que cambiar y ese cambio se vislumbra en algún corte del disco como en la filadélfica “1984”. Tras Ziggy, llegaron Aladdin y relativos y la cosa se empezó a resentir por un abuso excesivo de futurismo negativo, distópico, cuasi apocalíptico.

David fue muy hábil, aunque quizá un poco forzado en el giro “Young Americans”. Un álbum con buenos temas pero que como LP no acaba de cuajar del todo, ni su pirueta acaba de resultar lo suficientemente convincente. Era el “soul de plástico”, como él mismo lo denominó, de su nuevo personaje, el “thin white duke”.

Sin embargo, cuando crecía la incertidumbre sobre a donde podría dirigir sus pasos a continuación, un año después se sacó de la manga como por arte de magia un as, uno de los mejores álbumes de toda su carrera: “Station To Station” (1976) un disco que reconciliaba su anterior fase rock, con los temas calientes de “Americans” y predecía a su interesante “trilogía berlinesa” (con comillas porque “Lodger” no se grabó en esa ciudad, mejor llamarla trilogía Eno).

El LP, de tan sólo 6 canciones (¿para qué más?), se abría con un excelso, cambiante, extraordinario “Station To Station”. Bowie en “trans europe express” de estación en estación, entre el pasado, el presente e intentando atisbar el futuro, en un tema que debieron desgastar en vinilo los Talking Heads hasta hacerlo casi añicos porque aquí está en gran parte su inminente discurso musical. La segunda parte de la canción es bailable, contagiosa y explosiva. “Station”, canción, a lomos del piano de Roy Bittan es de lo mejor y más vivo que pueda haber hecho Bowie jamás (abajo vídeo).

___Bowie, anticipándose otra vez, hizo una gran cara A de nuevo pop en “Low”, y un lado B bastante más experimental y discutible. Para Gran Viernes, que estuvo viviendo más de 15 años en Berlín, es una cara pretenciosa y floja (”parece un relleno de La Düsseldorf o Cluster”) y creo que lleva razón. Es la época en la que estaban él e Iggy Pop, locos por Kraftwerk. Creo que incluso intentó colaborar con ellos recibiendo el más hermético silencio como toda contestación.Y otro tanto puede decirse de “Heroes”. Es un disco muy apreciable, sobre todo en su primera cara (”Beauty & The Beast”, “Black Out”), pero de nuevo, al dar la vuelta al disco, la cosa pierde. Quizá porque, al fin y al cabo, Bowie era un artista pop. Aplicando vanguardia al pop era único, pero, sumergiéndose en universos más experimentales, había unos cuantos grupos alemanes que tenían cosas mucho mejores que ofrecer.En conjunto, ni “Low”, ni “Heroes” me gustan tanto como LODGER que considero el álbum más brillante de su “trilogía berlinesa” - pongo comillas ya que este tercer disco no está grabado en Berlín, por lo que sería más conveniente denominarla “trilogía Eno”- porque en general es el que mejores canciones tiene, aunque carezca del relumbrón de un tema concreto, de un single mágico, como “Heroes”. “Lodger” tiene una cara B espectacular, y la 1 se abre con “Fantastic Voyage” y es un curioso muestrario de pop étnico bastante adelantado a su época (inspirador de muchos hipsters actuales) mucho más, diría, que sus 2 anteriores LPs. Originalmente titulado “Planned Accidents”, el disco de Bowie de 1979 es un disco de canciones extrañas, peculiares, a veces difíciles, que cuajan en un bloque bastante compacto.Digo que “Lodger” es el mejor, si no contamos “The Idiot” de Iggy Pop, claro, que casi es un álbum de Bowie y que me gusta más que cualquiera de los arriba citados.                                                                                                                                Lester Sanzs.

A continuación va “Golden Years”, similar a “Fame” pero más avanzada y mejor, aún así lo más discreto del LP. Y la cara A se cierra con una preciosidad, “Word On a Wing”, que parece surgir de “4Th Of July (Sandy)” de Bruce Springsteen, Bittan mediante. Hay que recordar que Bowie fue uno de los primeros que supo apreciar la grandeza del Boss y que antes le versionó (”It´s So Hard To Be a Saint In The City”, “Growin’ Up”) para su álbum de versiones “Pin Ups”, quedando esas tomas inéditas hasta años después. “Word On a Wing” se desvanece de forma misteriosa y concluye donde comenzaría tres años después “The Number One Song In Heaven” de Sparks y Giorgio Moroder.

El lado 2 se abre con un guiño a “Good Morning Little Schoolgirl” de los Yardbirds en “TVC15″, un R&B atípico de mitad de los 70 que va subiendo in crescendo, entre punteos de guitarras distorsionadas y un piano rítmico y juguetón.

Pero todavía quedaba “Stay”- otra pasada- funky rock discontinuo que calzaba en los Stones más calientes el espíritu crooneristico de su admirado Scott Walker. Una canción muy rara y expansiva. Y ponía fin al disco la preciosista versión de “Wild Is The Wind” de Dimitri Tiomkin y Ned Washington que interpretara originalmente Johnny Mathis para la película del mismo título de 1957. Maravilloso final.

Hecho entre delirios cocainómanos y fascistas, “Station” va como la seda. Imposible un Bowie mejor para 1976. Una confluencia total, ágil y muy bien construida, de elementos del pasado, presente y futuro, y uno de sus mayores triunfos artísticos.