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Aquella niña que susurraba a los caballos enamorada de Robert Redford, ya tiene 28 años. Y lleva una temporada hiperactiva. La chica si que vale y todo lo hace bien.

Canta -su canción es finalista de estos Oscars-, hace cine- “Hitckcok” se estrenará dentro de unos días- y rueda de nuevo el famoso crimen de la ducha, pero sin doble. Y fue trending topic mundial por el desnudo robado.

Y, encima, acaba de  enamorar a la terrible y temida crítica neoyorkina nada menos que con uno de los papeles mas legendarios del legendario Tennessee Williams: Maggie, o la gata sobre el tejado de zinc caliente. Al público ya lo tenía en el bolsillo, puesto que llenó un teatro de 1.300 butacas desde la primera preview. La recaudación está al borde del millón de $ a la semana, cifra al alcance de pocas estrellas, y con el formidable debut de anoche, seguro que lo sobrepasa. Sólo Al Pacino con una función muy conocida de Mamet, Glengarry Glen Rose, que ya hizo en cine- le gana en el box-office.

Johansson aprovechó muy bien su momento estelar con su “padrino” Woody Allen. Otro fan de rubias, como el gran Hitchcock. Y en su camino al estrellato, no sólo enseñó “ass and tits”, sino que fue aprendiendo como pocas este complicado oficio de ser una estrella total.

Ya había probado el dulce sabor del éxito en Broadway cuando hace tres años se decidió a arriesgarse. Fue con otro clásico, esta vez de Arthur Miller, y en un papel secundario. Pero con ese “Panorama desde el puente” todo fueron buenas sensaciones. Hasta el punto de que dieron su primer Tony a la mejor secundaria. Eso si que es llegar y besar el santo.

Ahora el riesgo era mucho mas peliagudo. La gata caliente es una prueba de fuego para cualquier actriz. La función se estrenó en el 55 y fue un hit inmediato. Williams era el nuevo genio y todavía no fracasaba en taquilla. Y con textos tan especiales, poéticos y shakesperianos, siempre se rodeaba de grandes talentos. La dirigió su gran amigo Elia Kazan, que era también un excelente director de teatro, y se repitió la leyenda de “El tranvía llamado deseo”. La gata de ese estreno se convirtió en estrella. Se llamaba Barbara Bel- Gaddes y hay que volver a“Vértigo” para recordar su mejor film como rival de Kim Novak.

El también famoso papel de Brick, el marido de la gata con problemas de homosexualidad- una osadía muy poco explícita por culpa de la censura- fue estrenado por un muy interesante actor que, por cierto, acaba de motir: Ben Gazzara. Y hay otro papel masculino muy importante, The Big Daddy, el patriarca de la familia, del que el gran Burl Yves hizo una memorable creación.

Se habla también de un legendario remake de los años 70. Nada menos que con Jessica Lange y Tommy Lee Jones. Creo que la pareja echaba chispas y fue un gran éxito.

SU VERSION EN CINE, UN GRAN CLASICO

La función le valió a Williams su segundo Pulitzer- tras el del Tranvía- y después del bombazo en Broadway, su paso al cine. No se la dejaron hacer a Elia Kazan, nadie saber muy bien por qué. Y cayó en manos de Richard Brook. Nunca se sabrá si con Kazan hubiera sido aún mejor, porque es un clásico y fue también un gran hit en el box-office.

Hay toda una leyenda urbana sobre como se hizo el casting de esos personajes. Se le ofreció el papel de la gata a Lana Turner y a Grace Kelly. Las dos rehusaron. Thank God. Lana no se atrevió porque no estaba preparada para tan alta empresa. Y Grace tuvo miedo porque era una pacata que sólo se atrevía a arriesgarse, entre comillas, con el gran Hitch. El mayor disparate es que el papel de Brick se lo ofrecieron a Elvis, hablo en serio, pero no le dejaban cantar. O sea, no se atrevió. Un muy buen criterio.

Menos mal que hubo sensatez y al final la pareja fue Taylor- Newman. Ese famoso primer acto con la cama de metal barroco como protagonista y Liz, en una memorable enagua blanca,  acosando a Paul en pijama y la pierna escayolada, es uno de los grandes momentos estelares de la historia del cine.

Los dos se convirtieron en estrellas. Sólo Burl Yves repitió su éxito en Broadway. Y se llevo ese año un Oscar, pero no por la gata. Ironías de Hollywood. Y le dieron un buen papel secundario a Judith Anderson, que los muy cinéfilos la recordarán como la Sra Dambers, la perversa ama de llaves del Hitchcock “Rebeca”.

SU EXITO EN ESPAÑA

A pesar de aquella tenebrosa censura franquista, la función se estrenó en seguida en España. El gran José Tamayo, con su legendaria compañía Lope de Vega, se encargó de convencer a Aurora Bautista a que se arriesgara en aquellos terribles años 50. Obviamente, no tenía el atractivo de Liz, – el film sí estuvo “retenido en censura por un tiempo” y aún no se había estrenado-  pero yo recuerdo de forma un tanto difusa aquella puesta en escena, y Aurora estaba magistral.

Era mucho mejor en el teatro que con las locas de amor o las agustinas de Aragón. No en balde había aprendido y crecido en la gran escuela del Teatro Español madrileño. Por cierto, ha muerto no hace  mucho. Fue una se nuestras grandes, grandes. Y también una estrellaza en América.

Pese a que muchos la consideran la mejor función de Williams, se repone muy poco, no sólo en España. Tiene sus dificultades esa lectura ahora más abierta y misteriosa, puesto que el propio Williams hizo cambios en el 72 para un remake, cuando la censura ya había abierto la mano.

Pero si es recordable un montaje de Mario Gas hace como unos 15 años. La pareja empezó siendo Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. Dos estrellas. Pero por desavenencias entre los divos, Carmelo se fue enfadado. Menos mal que llegó Tony Cantó, el perfecto phisic du roll, que dio esa ambigüedad a Brick. Cantó, ahora haciendo una carrera política que le puede llevar lejos, ya demostró que no sólo era un guaperas.

El año pasado se revisó en el Nacional, en el teatro pequeño de Lavapiés un curioso experimento, sólo con tres actores, que llegaba del Llure de Barcelona. Creo que era de Alex Rigola, pero no tuvo mucho eco. Tal vez le faltaran estrellas.

De estrellas se está llenando Broadway. El cine tiene otros ídolos mas teens. Pero la cartelera se anima. Valdrá la pena dedicarle un capítulo a como está ese maravilloso barrio lleno de luces de neón. La gran vía de Manhattan está muy viva, pese a que todo , o casi, es un revival. Sobre todo de musicales. Los salvan las estrellas y las nuevas lecturas del siempre inmortal teatro. Broadway bien vale “una misa”.