Hablemos de tumbas, de gusanos y epitafios, que sea el polvo papel, y con ojos lluviosos inscribamos la pena en el seno de la tierra. Elijamos albaceas, hablemos de testamentos.

Shakespeare, Ricardo II

El testamento artístico de le convierte en la más grande estrella  en el mundo. Todos hemos reconocido a Michael Jackson. Todos no hemos quedado ensimismados viéndole. Hemos cantado con él. Hemos bailado con él. Y, desde luego, todos hemos discutido sobre su personalidad  y consecuencias.

Su historia es la esencia de una vida de talento y exceso. Un cuento americano que le llevó de niño prodigio a superestrella global, hasta convertirlo en ese triste personaje acosado por querellas, demandas judiciales, errores de cirugía estética o presa de “paparazzis” sin escrúpulos.

Tiene parecida idosincrasia  de iconos como Muhammed Alí, Michael Jordan, Tiger Woods e incluso Barack Obama. Ese toque irreverente que patrocina la idea de que en América se puede llegar a todo.

Esos nombres, al igual que Kennedy, la Coca-Cola, Elvis y Hollywood definen a Estados Unidos en el mundo. Con sus brillos y sus sombras.

En el otoño de 1982, me dieron una “cassette”, como adelanto  de su segundo álbum en el sello Epic . Recuerdo que siempre estaba puesta en mi coche, porque “Thriller” me impresionó. Mi estupor se refería más como productor de música, que de simple aficionado. Eran los años en que se trataba de definir la  nueva era digital, tras la revolución electrónica que se había iniciado. Muchos tratábamos de programar la batería electrónica Linn. No teníamos la certeza de programar al viejo estilo o, simplemente inventarlo. Cuandó escuché ‘Billie Jean’ tenía la respuesta. Michael Jackson había definido una nueva técnica de ritmo para  bailar, a partir de una batería electrónica.

Eran los tiempos en que empezábamos a “samplear” cualquier sonido. También en ese terreno, gracias al Synclavier, los sonidos que oíamos en “Thriller” eran absolutamente nuevos, revolucionarios.

En último número de “Variety” se cuenta la historia de cómo se hizo el video-clip “Thriller”. Es la narración de cómo Michael Jackson inventó la MTV, el You Tube actual, al mezclar dos territorios que parecían  contradictorios. El mundo del cine y el mundo de la música. Lo que mi recordado Joaquín Luqui bautizaba como Musicine. Una canción podía ser una pequeña película. Michael no se rindió nunca e incluso contrató  a Martin Scorsese para hacer ‘Bad’, la continuación de “Thriller”.

Pero es que ahora, que  tanto se habla del cine en tres dimensiones, de Avatar, del espabilado James Cameron. Michael Jackson ya hizo su primera canción–película en 3D, en 1986, llamada ‘Captain Eo’, con George Lucas como productor y dirigida por Francis Ford Coppola. Sólo podías verla en el Disneyland de Florida, en el Epcot Center y batió records de asistencia hasta su caída del pedestal, con las acusaciones de pederastia, en 1994. Sin embargo, Walt Disney ha decido volver a proyectarla  en sus parques temáticos en estos días, como homenaje al primer aniversario de su muerte.

[ad#adsense-300×250]El gran Vittorio Storaro, que filmó ‘Captain Eo’, consagró a Michael Jackson como el inventor de las 4-D, porque el film también incorporaba lasers, humo y otros atrezzos, que le convertían en un espectáculo único. Era siempre la propia ansiedad de Michael de ser diferente, como  decía el slogan del  Capitán Eo: ”Estamos aquí para cambiar el mundo”.

Abajo, la película Captain Eo.