Cuando me dijeron que había muerto  inmediatamente me metí en la página de Los Angeles Times. Durante todos esos últimos días había seguido sus ensayos antes del debut oficial en el O2 de Londres, justo en el meridiano de Greenwich para el mes de julio.

Le ví ensayar con un coro inmenso de niños, cantando en varios idiomas. Le ví cantar un dueto maravilloso con su hijo Prince . Le ví  sufrir en los ensayos. Le ví morirse en lo que iba a ser su resurrección en el mundo de la música. Un regreso que no tenía otra razón que el dinero. Michael Jackson estaba arruinado, sepultado en su cincuenta años. Toda esa presión es la que lo ha matado.

Es todo lo que puedo decir: cada vez  que he estado con Michael  Jackson, siempre estaba rodeado de niños. Esa es la verdad .

Michael Jackson siempre se ha quejado de no haber tenido infancia y de que nunca pudo jugar con niños. De hecho, la primera vez que le conocí -es imposible que se me olvide en mi vida- iba con un enorme oso, con el rostro desencajado cabreado, porque estaba encerrado como un pequeño animal en uno de los viejos camerinos de Televisión Española, en Prado del Rey, en espera de que Hugo Stuven les diera la luz verde para actuar en su programa pop. A Michael y a sus hermanos. Porque la primera vez que estuvo en España vino como el cantante de los Jacksons en la primavera del 78.

 

Ni me acuerdo de lo que respondió a mis preguntas. Era un chico tímido, reservado y apenas se le podía sacar alguna frase. Yo no fui con él, como decía Joaquín Luqui a la tienda de Lladró en la Gran vía madrileña. Me temo que él, tampoco. Se gastó una fortuna en innumerables figuritas de Lladro, la mayoría de ellas con niños como protagonistas.

 A lo largo de todos estos años lo he visto en unas cuatro o cinco ocasiones más. Nunca pude mantener una conversación. Primero, porque no concede ninguna entrevista y, además, siempre te desarma con una sonrisa de aprobación.

Una vez, en el hotel Raphael de Munich me dijo “adíos”, mientras me daba la mano enfundada en su sempieterno guante blanco. Iba con tres chicos de unos doce años a su alrededor, en el día que presentaba al mundo su álbum “HIstory” en la capital bávara. Extraño rey del pop.

Otra vez,  cuando actuó en Málaga, con motivo de la gira Bad,  los empleados del hotel malagueño se extrañaban de que todo el día se lo pasara en su “suite” con niños. Un par de ellos. Y si preguntabas: Pero, bueno, ¿Qué hacían?. Y la respuesta: ”Jugar”.

Ahora, su rancho “Neverland” está cerrado, pero hasta allí fuimos unas docenas de  privilegiados periodistas de todo el mundo para vivir el nacimiento de Bad, el delicado álbum que sucedía al record mundial de Thriller. Para concretar, Neverland era una pequeña disneiseylandia, mezclada con un zoo bastante extraño y una feria de pueblo, con todas las maquinas que pueden hacer feliz a un niño. Pero con mis 30 años  ya no era precisamente un niño, pues no me llamaba la atención.

Siempre me interesó la obra del autodenominado rey del pop. Michael Jackson, en estos últimos años, ha querido demostrar su facilidad, su talento como compositor y arreglista. Una manera de autodefinirse tras la sospecha de que el sensacional músico y productor Quincy Jones estaba detrás de la maravillosa creación, sobre todo de la trilogía que produjo para Michael. Es decir, Off the wallThriller y Bad. Tres autenticas joyas del pop.

Hace siete años, Michael Jackson publicó las maquetas de muchos de sus grandes éxitos, que él mismo había fabricado en el estudio de Neverland.  Había convencido al presidente japonés de Sony de relanzar sus grandes albumes. Allí estaban las maquetas. Y, realmente, descubrías, por ejemplo, en “Billie Jean” que toda la idea era suya. El arreglo rítmico, los acordes y la melodía. Quincy Jones sólo lo sobredimensionó.

Musicalmente, hay que aceptar que Michael era un superprevilegiado. Como ocurre con el baile. Fred Astaire no tuvo más que certificar como genial  el paso “moonwalker” que Jackson presentó por primera vez durante una gala de los 25 años de celebración de la Tamla Motown.

No puedes certificar la objetividad de Paul Mc Cartney cuando le preguntaba por Michael Jackson. “Es un enfermo y un mentiroso”, te dice con cierta mirada de rabia. Cantaron juntos “The girls is mine”, pero la canción se debió llamar “The copyright is mine”, porque pocos años después, Michael Jackson se compró los derechos editoriales de todas las canciones de los Beatles, las canciones de “Lennon-Mc Cartney”. Así se apropiaba Michael del cuarenta por ciento de “Yesterday” y de todos las demás. Y todo porque Paul le dio el buen consejo de invertir en editoriales de canciones, en un negocio afín a su profesión. Paul tiene, por ejemplo, los derechos de las canciones de Jimi Hendrix. Paul nunca perdonará esa traición.

En la única ocasión que pude hablar con Lisa Marie Presley no me habló mal de Michael Jackson. Incluso me llegó a jurar que Michael era sexualmente normal y que sólo unos pocos meses después de la boda fue cuando se volvió raro y siempre estaba con niños. Lisa Marie, cuando hablé con ella, estaba en plena promoción  y con la intención de demostrar que Nicholas Cage -otro de sus maridos- era un “hijo de puta”, como decía la primera canción de su álbum “opera-prima”.

El tiempo ha despojado a Michael Jackson de muchas cosas. Del color de su piel, de su nariz, del talento e incluso de su dinero. El Bank of America se ha hecho con la propiedad de la editorial de las canciones de los Beatles. Jackson las tiene hipotecadas. Y otra mitad se las vendió a la Sony,cuando también necesitó dinero.

Más adelante fue  un exiliado, en el Emirato de Bahrein. Vivía en un palacio desocupado perteneciente al príncipe de la corona Salman ibn Hamed Jalifa, rodeado de sus cuatro hijos Prince, Paris, Prince Michael y Blankett. Los dos primeros se sospecha que  no son ni siquiera biológicamente suyos. No tienen ningún rasgo de color. Aunque el cuarto, el llamado Blankett parece ser que es negro y de madre negra.

El abogado de Jackson le describía como “residente permanente” en la minúscula isla estado del Golfo Pérsico con sólo 363.000 ciudadanos bahrainíes .Y la mitad de ellos, extranjeros. Jackson  ha donado “una enorme suma de dinero” para construir una mezquita cerca de la que fuera su nueva residencia. El periódico The Khalij Times explicaba que la mezquita “se dedicaría a aprender los principios y enseñanzas del islam así como a enseñar inglés, para lo que se importarían profesores de elevado nivel de Estados Unidos bajo su supervisión personal”.

Las sombras de la sospecha siempre le manejarán como un fugitivo. Michael jamás volverá a Neverland. Michael Jackson ha dejado de ser Peter Pan. Sólo puedo decir que un amargo dolor recorre todo mi cuerpo. No sé si ha sido un hombre que nunca tuvo una vida, o un impostor de sueños, pero si puedo concluir con que su música siempre será eterna. Su voz cálida, siempre de niño, su inocencia perturbada, una persona que nunca quiso hacerse vieja. El final no es un “Thriller” ni siquiera un cuento. Es la historia del fantástico Rey del Pop.