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El miércoles día 29 de abril, una página nueva se abría en Facebook, con el nombre de ‘RIP B.B. King’. Al poco tiempo ya tenía más de un millón de ‘likes’. Decía la página: “A las 11 de la mañana ‘east time’ – cinco de la tarde hora española- de este 29 de abril del 2015, nuestro querido guitarrista B. B. King se nos ha ido. Había nacido el 16 de septiembre de 1925, en Itta Bena. Lo perdemos, pero no lo olvidaremos”.

Al día siguiente, la oficina de B. B. King denunciaba la noticia. Es un abrumador dislate que se produce en la red de vez en cuando. Pero lo cierto es que B.B. King, el 7 de abril, destacaba en su página web que acababa de salir del hospital. Muchos picaron, porque con su débil corazón, diabético desde hace años , era posible su muerte a punto de cumplir los 90 años.

Así que con la muerte del otro ‘rey’, es decir, Ben E. King, también ha habido toda clase de especulaciones. Pero ahora, desgraciadamente, sí confirmamos que Ben E. King ha muerto en su residencia de Teaneck, en New Jersey, donde vivía desde los años 60. Problemas de su débil corazón se lo han llevado a los 76 años.

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Guardo en recuerdo mágnífico de Ben. Enorme cantante. Benjamin Eral King, nació el 28 de septiembre de 1938 años, en Henderson, en Carolina del Norte, pero con 9 años ya estaba viviendo en Harlem ,muy cerca del ‘Spanish Harlem’, que tanta suerte y éxito le dio, porque fue su primera canción numero uno, justo en el momento abandonar traumáticamente sus Drifters, uno de los mejores grupos de ‘doo wop’ de toda la historia.

Pero la vida de Benjamin está repleta de golpes de fortuna. Tan sólo cinco días después de cantar con su primer grupo, The Five Crowns en el restaurante de su padre, en Harlem, ya tenía su primer éxito en las listas, la formidable ‘There goes my baby’, una composición propia, cuando sólo tenía 21 años. Pero lo que sucedía en aquellos días en la música negra era absolutamente inconcebible.

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Los Drifters ya existían muchos años antes de los Five Crowns , pero en mayo del año 1958, uno de los Drifters originales le pegó una paliza al admirado Ralph Cooper, el dueño del Teatro Apollo de Harlem.

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El manager de los Drifters, George Treadwell, los echó a todos ipso-facto y los Five Crown pasaron a llamarse los Drifters. Además, el manager les puso en bandeja un contrato con la maravillosa Atlantic. En aquellos tiempos del ‘tin pan alley’, Jerry Leiber y Mike Stoller todavía eran los productores del mejor grupo del estilo de los Drifters, los maravillosos Coasters, así que Ahmet Ertegun, el dueño de la Atlantic decidió darles el trabajo a aquellos magos de la producción. Ertegun no se equivocó. No solía hacerlo desde que tenía muchos ases, con Ray Charles. Leinber y Stoller dirigieron aquel primer tema ‘Rhere goes my baby’, del cantante tenor Ben. E. King de los nuevos Drifters: el primer éxito de música negra con arreglo de cuerda. Y los éxitos llegaron como en un rosario. Maravillosas canciones como ‘Dance with me’, ‘This magic moment’, ‘Save the last dance for me’, otro numero uno formidable y mi favorita, ‘I count the tears’.

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La voz de increíble tenor, la voz de Benjamin, se metía el alma de los amantes de la música, lo convirtieron en una suprema estrella. Poco después, el ‘road-manager’ de los Drifters se autoproclamó manager de Ben y lo primero que hizo fue destronar a George Treadwell, el que había birlado el destino de los King Crowns al convertirlos en los Drifters.

Treadwell, como muchos corsarios de aquellos tiempos, llevaban hasta el cuerpo y alma de sus representados. Desde luego a Ben E. King le robaban en los ‘royalties’. Ertegun no tuvo inconveniente en que Ben se convirtiera en una otra estrella en solitario de la Atlantic. Ya estaba todo dispuesto para que la asombrosa fábrica de canciones de Leiber y Stoller convirtieran an Ben E. King, en el nuevo novio americano de la canción romántica. Buenos temas como ‘Spanish Harlem’, que tanto le afectaba sentimentalmente a Benjamin y el increíble ‘Stand by me’, hicieron un gigante de este increíble tenor.

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Una vez, Mick Jagger dijo que sólo a veces se escriben canciones perfectas. Por ejemplo, ‘Satisfacton’, ‘I want to hold your hand’ o ‘Every breath you take’ de Police, bueno, ¿debía decir ‘Stand by me’? Lo decía con mucha sorna.

Una vez me atreví a preguntarle a Sting si realmente la secuencia de acordes entre ‘Stand by me’ y ‘Every breath you take’ era definitiva, igual. Entonces, Sting se rió y me dijo: “Y casi igual que ‘Every Breath I take’ de Gene Pitney”. Me mató.

Jamás me olvidaré en mi vida de una noche veraniega bajo el insoportable agosto de Nueva York en el año 2003. El espectáculo era, por supuesto, en el Apollo y se llamaba ‘4 kings of R&B’. Es decir, Lloyd Price, Gene Chandler, Jerry Butler y cerraba, por supuesto Ben E. King. Cuando cantó ‘Stand by me’ no pude dejar de emocionarme y acordarme de las palabras de Mick Jagger. Era la canción perfecta con la voz perfecta.