Sólo intereses espurios pueden determinar el interés para que vuelvan , el grupo quizá más divinizado de todos los años setenta.

Pero los intereses comerciales no van a reunir un grupo que acabó odiandose entre ellos mismos.

En realidad, Benny Andersson ha denegado la oferta de que Abba estuviera dispuesto a volver a los escenarios y mucho menos a grabar juntos, aunque Frida está en el estudio finalizando lo que sería su tercer álbum en inglés y el quinto con los que ha grabado en sueco.

Dicen que el mayor problema es el odio intrínsico entre Bjorn Ulvaeus y la rubia Agnetha, que estuvieron casados en los años del éxito y acabaron casi en tragedia. Algo parecido les pareció a Benny y Frida, pero la ruptura fue menos tóxica.

Bueno, nos da igual. Lo cierto es que el altar construido para Abba habla por si sólo de como se ha bajado el listón de calidad en el mundo de la música actual.

Sencillamente, para todos los que grababamos y hablabamos de música, en radio o en lo que fuera , en aquellos años setenta, Abba siempre fue un grupo excesivamente comercial, decididamente hortera, que venía de las cloacas de Eurovisión. Así de sencillo.

[ad#adsense-250×250]Nuestro alucine es cuando en los años noventa, la comunidad gay se inventa un revival de Abba, incluyendo aquel grotesco álbum de Erasure, que llevaba a Abba a los altares, pero con otro vara de medir.

Se les presentaba incluso como revolucionarios, grandes compositores, extraordinario grupo. A muchos de nosotros nos dió casi ganas de vomitar. De saber con un trompazo como ese hasta donde había llegado el pop.

En fín, ¿para que quieren a Abba?. Respetemos el éxito popular, pero también gozan del triunfo las “estrellas” de los programas de reality musical y hasta el Gran Hermano. Esta sociedad está enferma e incluso constantemente atacan a los más firmes cimientos de la música de calidad.

Abajo, la única canción que los críticos apooyamos en su día, ‘The Winner takes it all'.