Brandon Flowers lejos de los demás

Algo huele a podrido en Battle Born Studios, en Las Vegas, el cuartel general de los Killers.

Vamos con los hechos:

En abril del 2010, Ronnie Vannucci, el intrigante batería, le confesó a un ejecutivo de la compañia que no aguantaba más a Brandon Flowers, con una gira que acabó sin hablarse con él.

A continuación, se embarcó en el proyecto de música country de Tim Rice-Oxley, el teclista de Keane y Jesse Quinn, al que pusieron el nombre de Mt. Desolation. El proyecto no funcionó.

En septiembre, Brandon lanza Flamingo, el álbum es número uno en Inglaterra y su gira europea es un éxito. Fracasa en Estados Unidos.

Mientras tanto, su “enemigo” Ronnie Vannucci acaba su álbum en solitario “Big Talk”.

Pocos meses después, el bajista del grupo, Mark Stoermer produce en Battle Born, el nuevo álbum de un grupo que me encanta, Howling Bells.

Hace unas semanas, Mark Stoermer revela que ha terminado otro álbum en solitario.

Al tiempo, Brandon Flowers revelaba más actuaciones y gira para este verano.

¿Donde queda la promesa que me contó el propio Brandon de que habían acordado con sus compañeros en  volver a reunirse en este próximo mes de mayo?. Yo no me lo creo. Salvo presión de la compañía Universal.

Es cierto que ese personaje que detesto, Ronnie asegura que no hay divorcio y que volverán, volverán, según una entrevista a NME.

¿Todo normal?. A mí me recuerda a las debandada de los Beatles, aunque las comparaciones son más que odiosas, irrepetibles.

El dictamen definitivo estará en las listas. Si los álbumes de Vannucci y Stoermer son sendos fracasos, volveremos a ver a los Killers, naturalmente.

Abajo, Brandon presentando a su mentor, el productor Stuart Price.