HOY HUBIERA CUMPLIDO 100 AÑOS, EL UNICO PEREZ PRADO, EL REY DEL MAMBO.

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Voy a La Habana en misión salvadora en el invierno del año 1990 . A través de un amigo venezolano, el gobierno cubano, a través de su ministerio de cultura , me pide que mi editorial de música PLASTICOS Y DECIBELIOS actúe como puente para rescatar derechos editoriales cubanos en los Estados Unidos, confiscados por la administraciónn de Washington . Era muy difícil, casi un imposible.

Cuba, sinceramente, pasaba hambre en aquellos meses de comienzos de la década de los años noventa. Como me recalcaba  nada menos que el Director de la Filarmónica de Cuba. Ni más ni menos . Los rublos rusos , el petróleo de la todavía superviviente Unión Soviética ya no llegaban a Cuba. Estaba Gorbachov y como decía Fidel Castro “esa novia” llamada Perestroika, no le gustaba absolutamente nada. Así que la situación cubana era de auténtico auxilio.

Se me ocurrió decirle al ministro de cultura cubano mi idea de que le aseguraría un éxito mundial de Egrem . Era el sello  , el  único , estatal y dictatorial casa de discos cubana, si me dejaba utilizar la voz de Fidel Castro.

Recuerde que le dije que me bastarían unas cuantas frases de Castro con el “yanki go home” , “Viva Cuba Libre” , “Revolución o muerte”, todos los signos hereditarios del régimen cubano. Los samplearía y haría dos versiones.  Una  de rock con sus palabras y uno tema para bailar en otra versión.

Recuerdo que el ministro de Cultura cubano se quedó blanco , en postura facial de pánico y me contestó:

-Estoy seguro de que el “comandante” por Cuba se atrevería a hacerlo, pero yo no me atrevo a pedirselo.

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Pensamos otras posibilidades. Quise en el estudio de Egrem , en Miramar , recuperar viejas grabaciones de gente maravillosa como el Conjunto Casino, Miguelito Valdéz , la Orquesta América o las primeras grabaciones de Pérez Prado como líder de una banda de jazz cubana.

Cuando me pusieron las viejas cintas analógicas a siete y medio ips  de velocidad, no me lo podía crear. Música maravillosa para el “colonialismo yanki de la época de Batista”. Pero ¡que música!. Sobre todo la de Pérez Prado, a la que le aseguraba una distribucuión mundial y una rendición artística eterna.

Como el ministerio y los funcionarios de Egrem se dieron cuenta de que no me interesabn nada absolutamente nada las grabaciones de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y demás “héroes” castristas, se negaron a dejarme si quiera una copia de aquellas primeras grabaciones del genio absoluto de la música cubana.

EL UNICO, EL ENORME, EL FANTASTICO PEREZ PRADO, REY DEL MAMBO.

Como emigró a Mexico y se pasó al “capitalismo” , Perez Prado todavía es un maldito en Cuba e incluso le niegan que hubiera inventado el mambo. Sólo una dictadura puede ser así.

En Nueva York, el  “sonero “Arsenio Rodríguez, no se cansaba de repetir que el mambo lo había inventado él.

En 1951, el Ciego de Oro declaró en la radio oficial castrista:

“Quiero destruir el maldito mambo que acabó con los compositores cubanos, porque ya nadie compra ni sones ni boleros ni guarachas. Estamos poseídos por la mambomanía. Yo soy el doctor Frankenstein que ha creado el monstruo, y ahora mismo el monstruo me quiere matar a mí”. Pobre Arsenio.

¡Qué rico mambo! . Pérez Prado había vendido cinco millones de discos.
Los que insisten en decir que el Danzón Mambo, de Orestes Macho López y su hermano Cachao, o los sones de Arsenio, son el origen del mambo de Pérez Prado, están haciendo una arqueología falsa de la música cubana. Es un insulto al oído comparar la orquestación de violines y flautas de Arcaño , con la impronta de metales y percusión de Dámaso Pérez Prado.
El musicólogo Leonardo Acosta, en su libro Otra versión de la música popular cubana, dice sobre la polémica que desató la paternidad del mambo:

“El problema es que se han mezclado dos conceptos distintos, el del ritmo mambo y el de el mambo como género. El ritmo mambo, con claros antecedentes en el son oriental, suele caracterizarse como muy sincopado. Para hablar de un nuevo género se requiere la concurrencia de varios elementos nuevos: 1)  patrones rítmicos; 2) el ámbito melódico armónico; 3) el tipo y estilo de orquestación con timbre y sonoridad propios; 4) la forma o estructura. Dámaso Pérez Prado es, sin duda, quien más se ajusta a estos requerimientos”.

Tito Puente, Tito Rodríguez y el cubano Machito grabaran excelentes mambos para el sello Tico, que titularon Los Reyes del Mambo, es válido. Se aprovecharon del éxito de Pérez Prado. El mambo vendía en el mundo entero.
¿Por qué entonces la película Los reyes del mambo tocan canciones de amor, basada en la novela del cubano Oscar Hijuelos, ni siquiera menciona a Pérez Prado?  La banda sonora del filme no tiene nada que ver con el mambo verdadero. Lo que tocan es salsa.

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En 1994, el anuncio  de la cerveza Guinness, desbordó Europa con el Guaglione de Pérez Prado; los seriales The Perez Family, Mean Guns, Primary Colors, Office Space llenaron las pantallas de mambo en 1998.

Su Mambo No. 5 volvió a ser éxito mundial por Lou Bega en 1999 y en 2001 con el animado Bob the Builder. Recientemente, la popularísima serie Sex and the City usó como tema de sus capítulos la erótica música de Patricia, la misma que provocara en 1960 ,el striptease del filme La dolce vita, de Federico Fellini.Hasta lo utilizó Pedro Almodovar.
Los mambos de Pérez Prado eran esa fusión espectacular de percusión cubana y jazz, con sus metales de fuego. Una manera  de componer, de orquestar, de grabar, que todavía están muy  vivos.

Pérez Prado murió hace ahora 27 años. Fue en México, un 14 de septiembre de 1989, desahuciado por los médicos desde junio, con una pierna amputada, tras haber sobrevivido a dos infartos cerebrales y haber arrastrado una larga atrofia neuronal pero sin poder superar el paro cardiaco definitivo que puso fin a una agonía angustiosa y desesperante.
Dejaba una viuda mexicana, con la que se había casado en 1979 cuando él tenía 62 años y ella 25, y otra de la que se había divorciado en 1976, y dos hijos de la misma nacionalidad, Dámaso y María Engracia.
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Inconfundible con su perilla y su bigote, las amplias chaquetas que le venían grandes, asomando el rostro de hechuras casi orientales sobre cuellos almidonados, tan formal él, rehuyendo las extravagancias caribeñas, luchando por una respetabilidad que logró, Pérez Prado ha conseguido lo que casi todos los futbolistas, y abrumadoramente los políticos, alcanzan: que se les conozca por su apellido nada más, como si delante de Pérez Prado no hubiera estado nunca el nombre de Dámaso.
Un nombre que llevó desde el 11 de diciembre de 1916, cuando nació en Matanzas, Cuba, hijo de una maestra mulata y de un periodista blanco, una fecha que el propio Dámaso iría ocultando caprichosa y vanidosamente, cambiándola por otras de uno o dos años después, en procura de fingir una juventud verosímil.El dulce elixir de la juventud del mambo.
En su ciudad natal, estudió piano e hizo sus primeras actuaciones al teclado tanto del piano como del órgano, hasta que en 1940, el artista adolescente se traslada a La Habana, recalando en clubes de baile como el Pennsylvania, en la playa de Marinao, o el Kursaal, al lado del puerto habanero.
Eran momentos en los que, en plena época dorada del son cubano , y cuando La Habana aspiraba a capital continental de la diversión, un nuevo ritmo se ponía de moda, el mambo, acuñado en 1938 por los hermanos Cachao y Orestes López, y que en el dialecto congo significa «conversación con los dioses».
Aunque realmente era un danzón lo compuesto por los López, no era menos verdad que Pérez Prado lo transformó, haciéndolo más bailable, más alejado de su origen, de forma que en 1943, cuando Pérez Prado es arreglista y pianista de la mítica Orquesta Casino de la Playa, ya tenemos creado el mambo tal como sería mundialmente conocido. La creación en 1945 de su propia orquesta, el Conjunto Pérez Prado, haría inevitable la expansión del mambo.
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A lo largo de los años cincuenta, la apoteosis del mambo, diversas orquestas y compositores se atribuirán la paternidad del género. Los cubanos reclamarán su responsabilidad indudable, los mexicanos el hecho de que sobre su territorio y gracias a Pérez Prado se definió y desarrolló hasta su plenitud.
Nueva York también reclamará su cuota, ya que allí actuaba desde 1942,  Machito con su grupo de jazz afro-cubano tocando mambos y los locales de baile del nuevo ritmo proliferaban: fiestas de mambo los lunes en el teatro Apollo y en el Savoy Ballroom, Mamboramas en el Roseland los martes, Mambobacanales en el Mamboscope los miércoles. Este mundo del mambo neoyorquino es retratado por Oscar Hijuelos en su novela de 1989 ‘Los reyes del mambo tocan canciones de amor’ , que ganó el premio Pulitzer en 1990, y adaptada al cine en una fallida producción con Antonio Banderas
Otro indicio de la paternidad del mambo por Pérez Prado lo tenemos en la grabación que en los años cuarenta hizo el cantante m ás famoso de Cuba, Benny Moré , con la orquesta de Pérez Prado, del tema ‘Locas por el mambo’.
En pleno frenesí festivo, Benny Moré se preguntaba :
«¿Quién inventó el mambo que me sofoca?/ ¿Quién inventó el mambo,/ que a las mujeres las vuelve locas?/ ¿Quién inventó esa cosa loca?/ / Un chaparrito con cara de foca».
El cara de foca, el cuello tenso sobresaliendo arduamente sobre las chaquetas, los ojos húmedos, el bigote notorio, era Pérez Prado, que se quedaría con el apodo para los restos.
Fue México, adonde se trasladó en 1948 cansado de la intransigencia de algunos colegas cubanos que consideraban demasiado gringos sus experimentos sonoros, el lugar en el que Pérez Prado se encontró con Benny Moré, y también el que terminaría siendo, a la larga, su país, nacionalizándose como mexicano , en 1980 tras desencuentros con su tierra de adopción como el motivado por la intención, frustrada, de Pérez Prado de hacer una versión en clave de mambo del himno nacional mexicano.
El episodio del himno, por el que sería expulsado de México en 1953, parece ser una maniobra sucia de los empresarios de dos teatros del D.F. y que buscaban castigar al cubano. Aunque por entonces se habló también de una presunta rivalidad sexual.
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El Pérez Prado de sus décadas finales era un lector voraz de fotonovelas y un hombre cuidadoso, parco, cauteloso, con sus palabras.
En el crisol mexicano se asocia a la bailarina Ninon Sevilla, que actúa con él, aportando erotismo a la música.
Pronto se incorporarán a la compañía las Dolly Sisters, las primeras ‘Mamboletas’ que añadirán voltaje sensual a su música.
 El triunfo es absoluto, las grabaciones se multiplican, y también las actuaciones en directo. Interviene en películas con títulos como ‘El pecado de ser pobre’, ‘Perdida’ y ‘Al son del mambo’ (las tres de 1950), ‘Amor perdido’ y ‘Del can-can al mambo’ (las dos de 1951), ‘¡Qué rico el mambo!’ y ‘Salón de baile’ (1952), ‘Víctimas del pecado’ (1953), ‘Sindicato de telemirones’ y ‘De ranchero a empresario’ (ambas de 1954) o ‘La sirena de las aguas verdes’ (1955). Títulos inmediatamente posteriores, y que delatan el tipo de cine, son ‘Locura musical’, ‘Música y dinero’ y ‘Locos por la televisión’, las tres de 1958.
En 1951, Pérez Prado debuta en Nueva York, haciéndose habitual de la sala de baile Palladium , pero también de los salones del Hotel Waldorf Astoria, haciendo que el mambo fuera aceptado por diferentes clases sociales.
Se suceden las giras por Estados Unidos hasta que su clamorosa primera gira europea de 1958,  lo trajo a España, donde en entrevistas defendía su música, que seguía siendo vista con sospechas, llegaba a ser considerada como una sucesión de ruidos.
 Cabe señalar que en fecha tan temprana como 1955 ya se editaban discos de Pérez Prado en Japón ,como autor de un ‘Mambo japonés’ como guiño a sus fans, tras haberlo hecho solamente en México, Estados Unidos, Italia y Francia.
Tampoco es ajeno a su éxito la rápida difusión de versiones de mambos a cargo de artistas ajenos a la música latina: Rosemary Clooney y ‘Mambo italiano’, Perry Como y ‘Papa loves Mambo’, Vaughn Monroe y ‘They were doin’ the Mambo’.
Hasta que en el año  1955,  Pérez Prado será, con ‘Cerezo rosa’, el primer artista latino de todos los tiempos , en entrar en la lista de éxitos Billboard, que alcanzará el primer puesto, al que sucederá en 1958 ‘Patricia’. No menos notorio es que Brigitte Bardot bailara un mambo en ‘Y Dios creó a la mujer’ (Roger Vadim, 1956) y otro tanto Anita Ekberg en ‘La dolce vita’ (Federico Fellini, 1960).
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En junio de 1951, el joven Gabriel García Márquez escribe, en defensa de quien, en venganza de su éxito arrollador y rodeado de bailarinas inductoras de lúbricas fantasías:
Decía:
«Cuando el serio y bien vestido compositor cubano Dámaso Pérez Prado descubrió la manera de ensartar todos los ruidos urbanos en un hilo de saxofón, se dio un golpe de Estado contra la soberanía de todos los ritmos conocidos».
Ese mismo año, Alejo Carpentier, de finísima educación musical, reconocía en el mambo una serie de virtudes.
Y escribió:
«Soy partidario del mambo, en cuanto este género nuevo actuará sobre la música bailable cubana como un revulsivo, obligándola a tomar nuevos caminos.

Pero ni en La Habana ni en Matanzas ,donde nació  hay una calle, un teatro, una plaza que lleve su nombre. No es de extrañar, si el más prestigioso premio de la música en Cuba insiste en que Israel Cachao López es el inventor del mambo.Absurdo ,grotesco, cruel e injusto.

SUS GRANDES EXITOS.-