Ken Weinstein, el pobre portavoz de Kings of Leon, no podía mentir más. Caleb Followill no había perdido la voz por cansancio y por problemas con la garganta. Simplemente, salía borracho al escenario e incluso un día en Dallas casi vomita delante del público.

Su propio hermano, el bajista Jared decía que no podía mentir más y que el grupo padecía un grave problema y no precisamente, porque se bebía Gatorade.

A los pocos días, el mismo Weinstein ha tenido que reconocer que Caleb ha entrado un centro de rehabilitación para curar su desmedida pasión por la bebida. Alguien dijo que Caleb bebía más que pez, una expresión que se utiliza mucho.

Hace unos meses tan sólo, Caleb se casaba con la modelo Lily y hacía propósito de enmedienda de apartarse de la bebida, pero la botella, una vez más, ha podido con él.

Caleb tiene unas magníficas propiedades en la música. Canta y toca instrumentos con absoluta facilidad, excelentemente, pero en algún lugar, para perder el miedo escénico, cayó en la bebida. Una pena.