USA 08 200

Foto tomada por el propio Julián Ruiz , en el el despacho que se hizo, al lado de su estudio, en Graceland, Menphis.

Me he puesto a mirar cuidadosamente las fotografías que hice la última vez que estuve en Graceland. Son casi  postales recientes, porque eran de agosto del 2008. Estaba allí para entrevistar a Lisa Marie Presley. Era justo en el mes que nos dejó Elvis cuando sólo tenía 42 años.

Mi retina se ha quedado fija en un cuadro de Elvis, más bien tosco, que recordaba a uno de sus rodajes basura de los años sesenta. El cuadro está tirado, en la casa del lado izquierdo de Graceland, donde se hizo un despacho y estaba el estudio de grabación.

El cuadro no tiene absolutamente nada que ver con la serie de cuadros que hizo Andy Warhol también los años sesenta. Una serie de fotografías coloreadas que están tomadas del rodaje de Flaming Star .

El mercado ha engullido por  150 millones de dólares los cuadros de Warhol.  ¿Cuál es la diferencia con el cuadro que está tirado en su despacho cutre , con moqueta hortera de color marrón? . La diferencia es el arte . Ese misógeno misterio que convierte algo en milagroso.

Me alucina como Warhol,  en los años sesenta, ya supusiese cual pudiera ser el valor real del icono Elvis Presley, cuando vivía y ya no era el rey del rock, porque los Beatles eran los nuevos monarcas de la música.

Warhol tenía razón , ahora que Elvis debería cumplir 77 años, su imagen es exquista y sigue revoloteando como si clavara sus colmillos en la vena cava y soltase espuma por la boca reina y señora de la propaganda pop. Elvis es único, maravilloso,  joven, eterno , aunque ni siquiera te guste su música.

Me quedo perplejo conmigo mismo cuando durante los años setenta  era reacio a aceptar que Elvis era siquiera  interesante. Para mi generación de los Beatles y los Stones,  el Elvis de los setenta era el hortera , fatuo  , con la faja de boxeador negro y su vestido blanco de Las Vegas. Un gordo decadente.

Más de treinta años después me he convertido  en un insaciable arqueologo de toda su carrera . Escucho la prodigiosa historia sonora de “Menphis :That ´s  all right “ . Las marcas , las estrías musicales que le hicieron un cantante único , como un vampiro entre el blues casero de su tierra y el olor de maíz de las canciones vaqueras de Tenesse. Escucho ensimismado al Elvis que no paraba de escuchar a Bobby Bland y su maravilloso “It´s my life , baby” o al Johnny Ace , de “So loneley” .

Elvis cantaba como ellos , llegaba hasta imitarlos tenazmente , pero encima era increíblemente guapo , desesperadamente inteligente en la forma de vestir ,de bailar ,de seducir .

Escucho su “Houng dog” del año 1956 , grabado en Nueva York , cuando sólo tenía 21 años y lo hago ,porque hace poco me he enterado que necesitó hasta unas veinte tomas para llegar a la perfección. Y cuando lo escucho pienso :que malvado mi admirado, mi ídolo John Lennon . Como le imitaba descaradamente en cada acento, en cada nota ascendente o descendente. Es reconocer lo equivocado que estaba , porque mi ídolos sólo reventaban o re-inventaban a su ídolo , Elvis.

De estas postales de Graceland tengo que reconocer que hasta su forma de vestir ha llegado a sugestionarme. Reconozco haber comprado más de media docena de ropas de la tienda del hotel Peabody, en el “downtown” de Menphis, de su exclusivo y maravilloso sastre particular Bernard Lansky,que desgraciadamente murió el pasado mes de noviembre. Pero esas camisas y cazadoras que me compré en Lansky tienen gancho.Todo Elvis es un puñetero imán .