Una vena sinfónica ha calado en artistas que están en sus sesenta años o a punto de llegar. ¿Pasar a la posteridad con su música?.

Tras el empacho de Ray Davies, grabando sus viejos temas de los Kinks, con una sinfónica y coros (que ocurrió en las pasadas navidades), el hechizo también se apoderó de , que no está recogiendo mucho éxito precisamente con su álbum de covers sinfónicas, titulado “Scratch my back”.

Pues, bien, ahora, , mi guitarrista favorito de los años sesenta, el inventor de Rod Stewart como cantante, el inventor del “heavy” tal como lo entendió su compañero en los Yardbirds, Jimmy Page para crear más tarde Led Zeppelin, está a punto de publicar en Warner, “Emotion y Conmotion”, donde utiliza a una orquesta de 65 músicos para hacer una versión sinfónica de ‘Nessun Dorna' de Puccini e incluso se apoya en una sorprano, Olivia Safe para hacer ‘Elegy for Dunkir'.

[ad#adsense-250×250]Pero esto no para aquí, acaba de anunciar una gira mundial con la Royal Phillarmonic al completo para interpretar los viejos éxitos de Police y el propio Sting en sinfónico.

Peter, Paul and Mary han hecho algo semejante con la Orquesta de Praga, tras la muerte de Mary Travers.

Por el contrario, la soprano Renee Flaming ha grabado una lista de canciones pop, con el productor David Khan.

¿Que es lo que pasa?. Ya no sólo se trata de buscar nuevas formulas o tener un nuevo punto de referencia más culto con sus viejos fans, que también se hacen más viejos. Es una cuestión también de pretenciosidad.

Pero todos salen con un gran gravamen, un gran inconveniente. De siempre, cualquier aria clásica, cualquier tema de música clásica, se ha transportado al pop y ha funcionado. De grandes acordes, grandes armonías, el transporte es sencillo y lucido.

Todavía está por ver una versión sinfónica de un tema pop que haya tenido éxito. ¿Por qué?. Porque cualquier canción pop está construida con pocos acordes, muchos de ellos muy pobres y canciones mal armonizadas. Es imposible transportarlas al mundo de la música sinfónica. Es una pretenciosidad y un error, amén que un aburrimiento. Pero allá  cada uno.

Abajo, Peter Gabirel y su ‘Heroes' sinfónico.
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