La última entrevista larga de JULIAN RUIZ CON , QUE HOY CUMPLE 74 AÑOS.

París, en verano, es demasiado asfixiante. . Es la undécima vez que lo entrevisto. Sin embargo, esta vez lo he visto más jovial que nunca y con un aspecto formidable. El vivo retrato de Dorian Gray me recibe con un “hola, señor”, ya que muchas veces le he insistido en llamarle sir Paul.

—¿Cómo te sentiste cantando ‘Sgt Pepper’s’ con U2 en el Live 8?

—Extraño, pero bien. Lo cierto es que jamás había cantado ese tema en público. El tono es alto, pero había que hacerlo tal como salió en el disco. Bono y los chicos de U2 fueron muy profesionales. The Edge me ayudó a encontrar las notas. Ya no me acordaba de ellas. Por cierto, que no aparecieron con los trajes de raso como había sugerido Bob Geldof. Me engañaron (risas).

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—Y, curiosamente, el tema ha sido número uno en descargas para los ‘ipod’. Beatles y U2 juntos, ¿quién nos lo iba a decir?

—La verdad es que Bob tuvo una gran idea y todavía me pareció mucho mejor que ese tema fuera precisamente el inicio del Live 8. No existe un gremio más solidario que el de los músicos.

—Acababas de terminar tu vigésimo álbum sin los Beatles. ¿Por qué lo has llamado ‘Caos y creación’?

—Porque es realmente lo que he sentido al hacerlo. Ha sido un proceso complejo que ha durado más de un año. Todo empezó cuando llamé a George Martin, al productor de los Beatles, que está retirado, y le pregunté quién sería el mejor tipo para producirme. Me contestó unos pocos días después, y me dio el nombre de Nigel Godrich, de gran prestigio por su trabajo con Radiohead y Travis. No me pareció mal

—Pero dicen que tu relación con Godrich fue bastante tormentosa.

—Cierto. Hemos discutido mucho. Me ha dado morbo comprobar que un músico treinta años más joven que yo me dijera que no le gustaban muchas de mis canciones y que no me lo iba a poner cómodo ni me iba a dejar tocar con mi banda, porque iba a estar demasiado confortable. Así que tenía que tocar yo mismo todos los instrumentos.

—¿Incluso la batería? Vamos, Paul, eso no es lo tuyo.

—¿Qué quieres decir, que no soy buen batería? Por favor [hace como que se enfada y luego se ríe]. No soy el mejor del mundo, pero no soy tan malo. Además, Nigel me dijo que le gustaba cómo tocaba. En definitiva, Nigel daba una de cal y otra de arena. No he conocido a muchos músicos que se atrevieran a decirme que lo que estaba haciendo en ese momento era una mierda. Y Nigel se atrevía, con toda su sinceridad.

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—¿Incluso se atrevía en el proceso de composición?

–Sí, sí, desde luego; era como si estuviera presente, otra vez, John Lennon, como si volviera a oír su voz crítica, que era terriblemente severa con lo que componía. Algo que me pasó también cuando trabajé con Elvis Costello.

—¿Sientes mucha nostalgia de los Beatles?

—Es lo normal, ¿no? A veces… algo peor. Sobre todo últimamente, aunque yo no soy una persona muy sentimental. Cuando me hacen firmar un autógrafo en alguna lámina con los cuatro juntos y miro la foto y pienso que ya sólo quedamos dos, se me pone un nudo en la garganta, me entra una extraña tristeza.

—Parece que no te relacionas mucho con Ringo ¿Cierto?

—Ringo vive en Canadá, a veces en Los Ángeles, pero nos vemos a menudo. Y nunca se me olvidarán esas horas que pasamos los dos juntos con George, agarrados de la mano, antes de que George muriera.

—¿Te acuerdas mucho de George?

—Por supuesto que sí. Una de las canciones de este último álbum es como un homenaje a su forma de componer y entender la música. Se llama ‘Waiting for your friends to go’. La letra tiene un doble sentido, pero creo que el espíritu de George está presente en ella. Hablo de vez en cuando con Olivia, su viuda, y con su hijo Danny, un buen chico.

—No podemos decir algo parecido de Yoko Ono, ¿no?

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—Paul MacCartney se pone muy serio, baja la cabeza y piensa. Mientras, yo me acuerdo de una historia que me contó Paul en otra entrevista hace meses. Ocurrió en Roma. Paul viajaba de luna de miel con Heather. Estaban tomando una copa en el bar del hotel cuando el pianista anunció que iba a tocar “una de las grandes canciones de los Beatles, ‘Yesterday’, maravillosamente compuesta por el desaparecido John Lennon”. Hay que entender la rabia de Paul, que a partir de ese momento trató de firmar sus canciones McCartney Lennon. Una batalla perdida. El último gesto de discordia entre Yoko y Paul ha sido negarle él a ella el permiso de incluir en un recopilatorio algunas canciones de amor que escribió Paul con los Beatles. Habla Paul: —Respeto cómo es Yoko, porque era la mujer de John, pero eso no significa que exista una relación cordial o sentimental. Con ella sólo trato de negocios. Lo siento por Sean, que me parece otro buen chico.

—¿Vas a cantar algunos temas de los Beatles que no cantabas antes para la nueva gira americana?

—Sí, claro que sí. En la pasada gira funcionaron muy bien temas como ‘Hello, goodbye’, que jamás los pudimos hacer los Beatles en directo, porque ya no hacíamos giras. Habrá que tocar ‘Sgt Pepper’s como en el Live 8. Hemos desarrollado otros temas que serán una sorpresa.

—Siempre se ha dicho que la filmación de ‘Let it be’ fue el fin de los Beatles. ¿Va a salir por fin la película en DVD?

—Sí, por fin. No tenemos nada que esconder. Lo que me molesta es que me han echado la culpa de que apareciera ‘Let it be naked’ como una venganza personal. Eso no es cierto. Las cuatro partes hemos estado de acuerdo, porque en un principio así queríamos que fuera el álbum, sin los arreglos suntuosos de Phil Spector.

—¿Es cierto que Madonna te pidió participar en su último álbum?

—Estuvimos hablando 15 minutos en Hyde Park, durante un descanso de Live 8. Ella es una buena amiga de mi hija Stella.

—¿Por qué vives cada vez más tiempo en Estados Unidos?

—Porque mi esposa, Heather, está más cómoda allí, donde la prensa no se mete tanto con ella. En Inglaterra hay muchos periodistas que la tienen como centro de su objetivo para degradarla. Hace poco un periódico tuvo que pedirnos toda clase de excusas porque uno de sus periodistas había escrito que Heather había sufrido un aborto.

—¿Es verdad que llamaste personalmente a algunos periodistas ingleses para pedirles que dejaran de meterse con ella?

—Sí. Sentía que tenía que hacerlo. No la conocen. Es una mujer que ha luchado y sigue luchando por muchas causas, una buena mujer.

TOKYO, JAPAN - MAY 15: Paul McCartney is seen upon arrival at Haneda Airport on May 15, 2014 in Tokyo, Japan. (Photo by Jun Sato/GC Images)

—Te tiñes el pelo, guardas tu figura, eres vegetariano, ahora dices que  te has quitado la costumbre de fumar porros… ¿Te miras en el espejo? ¿Has pensado algún día en retirarte?

—No me voy a retirar. He decidido que trabajaré en la música hasta que me muera. No hay otro remedio. No sé si será mucho o poco. No me lo he cuestionado. Por supuesto que me miro en el espejo. Pero no me planteo la pregunta de si estoy muy viejo o no. Ya sé la edad que tengo: hace mucho que cumplí los 21 años. Ésa no es la respuesta a todas las cuestiones.

“No me a retirar nunca”, insistía