PATRICK WOLF Y LA CONVERSACION CON JULIAN RUIZ

es un extraño personaje en este convulso mundo del pop. Puede ser un hijo directo de David Bowie -tiene 28 años-, pero también un sobrino de Visage, un primo de Klaus Nomi y el hermano pequeño de Steve Hadley de Spandau Ballet.

Pero sería poco si me quedara tan sólo en definirlo con parentescos familiares. Cuando canta llega a tres octavas. Toca el piano. Era un niño y ya tenía un theremin, la magia del sonido electrónico, antes de los sintetizadores. Toca arpa, piano, guitarra y posee un exquisito gusto e intuición para convertir grandes melodías en un juego perverso  de increíbles arreglos, revolucionarios.

“Yo me llamo Patricio Lobo”, dijo en el escenario de la sala Penelope el pasado sábado en Madrid, en una mini gira española que le ha llevado también a Vigo y Barcelona.

Un ridículo escenario, corto, poco profundo que manchaba el magnífico vestuario y la puesta en escena del gran artista, con un complejo de Gulliver, porque Patrick tiene más de un metro noventa y cinco de estatura.

Pero pensé que el escenario era el fiel reflejo que desprende este país, el ridículo momento que se vive con la música. Bueno, con todo. Es un país en llamas. Pobre, inculto, presa de Telecinco, estúpido y empequeñecido como el escenario de la sala.

Y pensé. ¿para que habrá estudiado en el Trinity College of Music?. Para caer, ¿aquí?.

En el escenario apenas cabían una chica que tocaba varios instrumentos de metal, una violinista, un teclista, un bajista y un batería.

Patrick Wolf hizo lo que pudo en ese pírrico escenario. Desentrañó algunas de sus grandes canciones. Desde‘Time of my life’, la sensacional ‘House’ y la memorable ‘Together’.

No conocía personalmente a Patrick, aunque lleva ya cinco álbumes publicados. Y no me decepcionó. Su cultura musical es increíble.

Estuvimos hablando de Visage, porque su su look actual es muy parecido al de Steve Strange en Visage.

Pero, ¿tu conocias a todo el grupo Visage?

Para una persona de 28 años, cosas de hace 30 años, le parecen mágicas.

Estuvimos hablando bastante de Klaus Nomi. Le dije que había una película maravillosa sobre el extraño cantante alemán.

– La tengo. Me la he visto muchas veces. Siempre he adorado el concepto musical , mezclado con su diseños y con la manera de comunicar. Era un genio y una víctima prematura del sida.

– Sabes que tengo un par de temas de Klaus con Bowie?

– No, no sabía que habían hecho cosas juntos.

– Bueno, un par de temas en varios programas de televisión. Son bastante curiosos. ¿Sabes que me recuerdas a la voz de Rusell Mael de los Sparks?

-Vaya. Eres muy generoso. Me gustaban los hermanos Mael. Pero de todo aquel tiempo, me quedo con Visage. Hicieron dos álbumes sublimes.

-Bueno, estaban Midge Ure y Billie Currie, de Ultravox. Hasta Howard Devoto. ¿Te puedo dar un consejo?.

-Sí, claro, por supuesto.

-La primera vez que ví a David Bowie me impresionó mucho. Fue en el Rainbow de Londres, con Roxy Music de teloneros y estuvo acompañado por la “troupe” de mimo de Lyndsay Kemp. Sería maravilloso que pudiera aprender mimo, desarrollarte más en la expresión corporal de cara al directo.

-Lo voy a hacer. Te digo una cosa. Podemos hablar de muchos nombres, pero, al final, mi gran ídolo es David Bowie. Yo soy hijo de Bowie.

-Pero Bowie no sabe tocar ni ha aprendido música. Toca el saxo y tan sólo regular.

-Da igual. Bowie es como Dios.

Hablamos bastante sobre otras cosas. Pero prometió volver a España, con un gran éxito. Esperemos. Talento, lo que se dice talento, le sobra por todas partes. Pero aquí, en este país, seguirá siendo un desconocido para esa chusma de Telecinco.