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Ni los millones harán que The Jam vuelvan a salir a los escenarios, porque para Paul Weller es imposible retroceder treinta años y asumirlos sin el peso de la purpura, como hacen los Rolling Stones, que siempre son impecables e implacables a la hora de recrear su música de hace cincuenta años.

Paul Weller está seguro de que sería triste y absurdo una resurrección de The Jam. Reconoce que hace años tuvo ofertas, que ahora no existe ninguna oferta, pero está seguro que no la asumiría.

Como decía Sean Connery, “never say never again”. Pero ha otro específico problemas y son sus fatales relaciones con el bajista Bruce Foxton. Una situación insoportable.

Me gusta cuando Paul Weller afirma que prefiere mirar hacia adelante y responder con entusiasmo antes nuevos grupos como Palma Violets o los aguerridos The Strypes.

Son los tabloides de la prensa amarilla inglesa los que prefieren machacar con la nostalgia. Les debe vender periódicos, ahora que está en su lenta agonía de pez fuera del agua.