Elvis Presley, a los 40 años, había arruinado prácticamente su carrera. Si hubiera continuado con semejante exceso de peso y cada vez más exhausto, habría llegado a convertirse en un payaso, un muñeco. La muerte convirtió a Elvis Presley en mártir. Y supongo que ha pasado lo mismo con Michael Jackson.

Naturalmente, todo sucedió en Graceland, en Memphis, aquella noche fatídica del 16 de agosto de 1977. Elvis no se lo pasó mal con unos cuantos amigos. Tocó el piano, cantó, estuvo de buen humor. Sobre las siete de la mañana, al amanecer, se puso jugar al frontón.

Sobre las ocho de la mañana, todos los amigos se retiraron. Ginger Alden , la nueva chica de Elvis, se despidió de todos y ambos se metieron en la mansión. Se sabía que no dormían juntos. Cada uno en una habitación. Pero ella fue la última persona que vió a Elvis con vida.

A las dos de la tarde, Ginger encontró a Elvis en su cuarto de baño, desnudo, con restos de vómitos y tirado en el suelo en una extraña posición. Ginger llamó a una ambulancia. El rey llevaba ya tres horas muerto. Se le había parado el corazón.

¿Es absolutamente falso que Elvis se quisiera suicidar? Lisa Marie, su hija, había llegado a Graceland para pasar unos días con su padre y eso le ponía excepcionalmente contento al cantante. Por tanto, Elvis estaba de mejor humor que nunca.

Si es cierto que Elvis había iniciado lo que él llamaba “el ayuno especial” , justo dos días antes de su muerte. Elvis pesaba ya la formidable cifra de 115 kilos y le había prometido a Ginger que esta vez rebajaría peso sin el tramposo Lonamin, un reductor de apetito que durante años había sido su medicamento favorito. Quería rebajar peso a base de ejercicio y demostrarles a los médicos de la Lloyd, a los aseguradores, que no existía riesgo de deficiencia cardiaca.

No parece probado que el doctor Nick le atiborrara a píldoras antes de morir. El doctor Nick quería a Elvis como si fuera su propio hijo. Además, el propio Elvis era un erudito en farmacopea. El ‘Rey' poseía en su biblioteca más de 100 libros con textos médicos. Era como un experto. Si le dolía el estómago o la cabeza, sabía perfectamente lo que medicarse. A Elvis sólo le mataban esos terribles dolores de cabeza, a causa de su glaucoma.

Se decía que Elvis se ‘picaba' por todo lo alto, con heroína, con metadona, con morfina . Pero jamás se le encontraron marcas de agujas. Si se metía por la nariz, ¿por qué no tenía las membranas abrasadas? Además, ¿cómo era posible que pudiera tragar tantas píldoras y que aguantara todas las actuaciones y pudiera incluso ganarle a alguien de su séquito al frontón?.

Tomaba las píldoras necesarias y las que no lo eran, porque siempre tuvo la presión alta y estaba el maldito problema de la desviación de colon. Aunque era el exceso de peso lo que realmente le tenía obsesionado. Durante la última gira, sólo se podía poner dos de todos sus trajes. Uno de ellos, el negro le explotó en medio de su última actuación, el 26 de junio . Tuvo que ser, curiosamente, en Indianápolis, donde la RCA , su compañía de discos, fabricaba los discos. De vinilo, claro. La era digital aún no había llegado.

A Elvis no le gustaba que últimamente le obligaran a cantar ‘My way' para casi despedirse en los conciertos. La puñetera canción de Paul Anka y Fran Sinatra lo tenían atrapado. Todo eso de la ‘cortina final' y sus efectos melodramáticos…

Últimamente , también le había dado por el misticismo, con un sentido pésimo y bastante aberrante de la necrofilia. Llegaba a visitar de madrugada la morgue de Memphis y se documentaba sobre detalles del embalsamamiento de cadáveres. Pero no es cierto que el día que murió estuviera leyendo ‘El sudario de Turín', ese tratado sobre Jesús y la evolución de la teología cristiana, como proclamaron los caballeros del ‘cinturón bíblico' del Sur. Tampoco pretendía una resurrección. Simplemente, no quería morir, aunque tuviera ciertas tendencias suicidas . Es posible que sólo quisiese dejar de ser Elvis Presley.

Elvis también odiaba el olor de su cuerpo. Con tanto peso, sudaba y sudaba. Siempre utilizaba litros y litros de colonia, como si fuera agua. El peso también le había hecho perder su gusto por la ropa, fuera o no extravagante. Al final, hasta perdió el contacto hasta con el gran Bernard Lansky , su sastre del Hotel Peabody de Memphis.

Llegó a perder interés por grabar nuevas canciones, otra de sus pasiones. Tenía harta hasta la propia RCA. Hacía un año, el caprichoso Elvis les había hecho construir un estudio en el Jungleroom de Graceland. A pesar de la fastuosa inversión, Elvis había perdido todo interés por grabar nuevo material a los pocos meses.

La última vez que le grabaron la voz a Elvis fue a las siete de la mañana del 31 de octubre de 1976 , precisamente en el estudio que tenía en el Jungleroom. La canción se llamaba ‘Hell have to go', el maravilloso tema de su admirado Jim Reeves , un cantante excepcional. La canción sigue teniendo una historia muy larga, porque hasta Elton John la interpretaba en los años 60, mucho antes de que la cantara Elvis, antes de que la hubiera tocado el mismísimo Ry Cooder.

Resultado de la auptosia

Pero toda esa descomposición del fenómeno Presley llega de forma trágica como un reflejo de que Elvis se había convertido en un prisionero en Graceland. Irónicamente , contaba como uno de sus sueños incumplidos el de no haber podido pasear nunca a Lisa Marie en su carrito de niña por las calles del su ciudad, haberle invitado a un helado en la que había sido su cafetería favorita. Y se lamentaba constantemente: “Si no puedo moverme , entonces es que estoy muerto”. Elvis quería huir, escaparse. Estar solo. Donde sus buitres particulares no desvariasen. Era tan indiferente al futuro como el tener un pie en el umbral de la eternidad.

Por cierto, es absolutamente falso que fuera Elvis quien tomara un avión rumbo a Buenos Aires dos horas después de su ‘muerte oficial', utilizando el pseudónimo de John Barrows, que tanto había usado para hoteles y viajes.

Todavía en la actualidad se vigila su tumba en Graceland , como si la vigilia del cuerpo del último rey tuviera el poder de la resurrección , como si realmente no estuviera muerto.

En realidad, Elvis sigue vivo.