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Todavía nadie quiere pronunciarse sobre las verdaderas causas de la muerte de , que fue encontrada muerta, a las cuatro de la tarde hora de California, una de la madrugada hora española, en su habitación de la cuarta planta del hotel Beverly Hilton.

Whitney tenía 48 años y había sido la princesa del pop, con la voz más perfecta de afinación. Quizá la mejor cantante del mundo, técnicamente, tras Aretha Franklin.

Whitney había acudido a Los Angeles, porque la había llamado una vez más Clive Davis, para la fiesta que el viejo “tycoon”, con 78 años, siempre organiza antes de la gran fiesta de los Grammys. Whitney es a la única persona que le hace caso. Al fin y al cabo, apostó por ella, cuando sólo tenía 16 años.

Ray J, un tipo más que sospechoso, fue quien la encontró muerta, desnuda, en el baño de su hotel. El extraño Ray J ha sido más o menos su últimos amante, pero también su “dealer”.

Se sabe que la noche anterior, Whitney había montado un altercado en el perqueño bar del hotel  y estaba muy borracha. Era su última gran adicción.

Uno ha conocido en cinco ocasiones diferentes a Whitney. La primera vez gracias, a Tomas Muñoz de CBS y Narada Michael Walden, su productor, al que conocí como batería de Santana, cuando el músico sólo tenía 18 años. En la primera época me pareció una chica deslumbrante, maravillosa, simpática, con una sonrisa de un millón de dólares y mucha luz en sus ojos.

La tercera vez que la ví, ya estaba casada con Bobby Brown, el energúmeno que destruyó su vida y que la trató como si fuera una víctima millonaria de su negocio de “dealer” de drogas. Nadie sabe los millones que Brown pudo sacarla.

Primero, con coca, con crack y, finalmente, con heroina que Whitney esnifaba a profusión. Y la heróina era más cara. Eran como la “bella y la bestia” . Nadie entendió esa relación. Pero Bobby se dice que influía brutalmente en ella, incluso con hipotéticas palizas físicas.

En esa tercera vez que la ví seguía teniendo el brillo en los ojos. Me contó que todo ‘I will always love you' fue idea de Kevin Costner, que sabía que iba ser un gran éxito, porque lo había corroborado en su continuos devaneos en los clubs de música vaquera.

La última vez que ví a Whitney fue en Viena, en el año 1999. Estaba demacrada. Tenía todas las huellas de haber perdido la guerra con la drogas. A la pobre gente de Arista de Austria les tiró una botellas de champán en la mini fiesta que le había organziado, porque “el champán era una  mierda”. Yo mismo lo pasé muy mal para poder hacerle una entrevista para 40 TV. Ya no quería reconocer a nadie.

Como en el caso, de Janis, Jim, Morrison, Cobain, Billie, Amy, era cuestión de tiempo  que la princesa con la perfecta afinación dejara de existir.

Con mucha diferencia su disco “Whitney”, el segundo, producido por Narada Michael Walden, es mi favorito. Siempre me acordaré de su simpatía y de su voz perfecta. Eso nunca lo podré olvidar.