Para Johnny Rotten, el líder de los , el grupo que se inventó, Malcolm Mc Laren era el mismo demonio, un bicho. Para Vivianne Westwood, la maravillosa diseñadora que le ayudó en sus primeros años, no dejaba de ser un niño impertinente. Para mí, simplemente, me parecía un genio, un manipulador de estilos.

Pero, ¿Qué fue Malcolm Mc Laren?. No se le podía llamar un diseñador, aunque se inventó tres tiendas que dieron la vuelta al mundo. Tampoco un manager, aunque lanzara al éxito a los New York Dolls, a los Sex Pistols, a Bow Wow  Wow y pusiera a su cantante Annabella de 15 años, desnuda en la portada, como en el “El desayuno en la hierba”, de Renoir. Sin olvidar su dotes de padrinazgo con Boy George, empleado suyo en la tienda Boy, y al mismísimo Adam Ant.

Tampoco era músico ni compositor, aunque con su inteligencia realizara dos obras maestras que fueron “Duck Rock”, el álbum producido por Trevor Horn, tras viajar casi un año por todos los lugares del mundo, en busca de sonidos, de muestras musicales y procesarlas a través de un “sampler”. O “Fans”, la primera vez que alguien se atrevió a lograr que algunas arias, sobre todo las de Puccini -era su músico favorito- se convirtieran en temas pop. Increíble.

[ad#adsense-250×250]Una vez, Chrissie Hynde, que había sido vendedora en la tienda de al final de King Road de Malcolm y Westwood, llamada el Worlds End, con un reloj antiguo de estáción con la agujas corriendo eternamente sin parar, me dijo que Mc Laren era simplemente, un genio. Y que le dio los mejores consejos para formar su banda, los Pretenders. El Mc Laren que uno conoció en los años ochenta se había convertido en un gentleman, en un hombre con una inteligencia preclara, un seductor con la frase más limpia y ocurrente en el momento, con una lluvia de ideas que te calaba mentalmente. Por ejemplo, me trataba de convencer que Oscar Wilde debía ser gay y no decididamente irlandés en ese musical que tenía en mente para las faces de Hollywood. Además, ese musica de rock tendría a Wilde como el autentico padre del rock. Era el tiempo en que se decía que Malcom vívía un amor loco con la modelo Lauren Hutton, dicen que el segundo gran amor de su vida.

Malcolm Robert Andrew Mc Laren había nacido hace 64 años en un suburbio del norte de Londres. Era otro war-boy, como Jagger, Richards, Mc Cartney. Siempre presumía de una frase que le había contado su abuela, de origen judio sefardita, vendedora de diamantes, de que “era bueno ser malo en la vida y era malo ser bueno en la vida”. Siempre dijo que tuvo esa frase en su mente. Nadie podía creerse que después de inventar el “punk”, la ropa del rock, de los “nuevos romanticos”, quisiera ser alcalde de Londres en 1999. Pero lo intentó. Perdió, porque dijo que nunca tuvo el apoyo financiero suficiente.

Su amor a Paul Verlaine y al pintor realista Gustave Coubert  le convierte en un ciudadano de París. Allí incluso tiene un notable éxito, con el que podemos decir, es él ultimo de sus álbumes interesantes, precisamente, llamado “Paris”.Vive años felices con ese ser inteligente, activo, nervioso que es Young Kim, que pasa de ser su asistente a su amante, como le había ocurrido a Lennon. Young, coreana-norteamericana, habla todos los idiomas imaginables, incluso el francés y español. Es el año 1995 y es la última vez que entrevisto a Mc Laren. Me habla de la decadencia musical, del aburrimiento del pop, de la devaluación artística general. Es justo cuando desprende un odio furibundo a todo lo que tiene que ver con el nacimiento de Sex Pistols y la creación de un personaje tan aborrecible como Johnny Rotten.

[ad#tradedoubler-300×250]Estaba convencido, además, que sin la salvaje política de la Thatcher que había llevado a la juventud inglesa casi a la desesperación, a finales de los años setenta, jamás hubiera creado a los Sex Pistols. Es cuando llega a decir que él no había hecho nada, que el punk era un invento de la agencia William Morris y que él había elegido a un Juanito Podrido, como Duchamps había creado arte  y había preferido un orinal.

Hace dos años, tuvimos noticias nuevamente de Malcolm, porque había estrenado una especie de película documental llamada  “Shallow”, que mezclaba videos de películas sexuales de los años sesenta, con canciones pegajosas. Malcolm Mc Laren sabía ya que un cáncer le carcomía. Así que retornó a Nueva York, como en los viejos tiempos de su tienda Let it Rock en Manhattan, los tiempos de los New York Dolls. Se puso a tratamiento, con los mejores especialistas y se puso bien, o casi. Pero, ayer, por la mañana, Malcolm empeoró y murió en un hospital neoyorkino. Fue su compañera Young Kim quien dio la noticia. Les Molloy, su representante, por la tarde decía que estaban esperando en Londres sus restos para ser enterrados en el cementerio de Highgate.

Una risa sardónica siempre se me quedará en mi cabeza, cuando en aquel 1977, el nieto de Rose Corre le dio el año del jubileo a la Reina Isabel con aquellos “anarquía en el reino Unido” y  “Dios salve a la reina”. Pero es el mismo Mc Laren que nos dijo que era como una mariposa, el “tu, tu piccolo” de la maravillosa “Death of a Butterfley” de Puccini.

Abajo, el fenomenal ‘Buffalo Gals' con Trevor Horn.