Camerino improvisado en el Festival de Benicassim del año 2007. le dice a la gente de su compañía que no quiere hacer entrevistas. Está harta de que le pregunten por ‘Rehab', la canción que ha revolucionado la escena mundial. El tema que la ha hecho famosa en todo el mundo. El número uno que la ha convertido en una diva insoportable. Lo dice en la canción “Ellos tratan de que vaya a rehabilitación, pero yo les he dicho que no, no y no”.

En aquel camerino, Amy Winehouse me miró con rabia, pero como me sonreí, me devolvió otra sonrisa. Amy podía ser cruel, pero también era una persona  emotivamente especial, abierta, demasiada abierta tal vez.

Me contó una anecdota un colega inglés que quizá exprese de alguna manera su caracter. Hace tres años era carne de cañón para los tabloides británicos. No es que haya dejado de serlo, pero tiempos atrás vivía en esa tabla de surf tan frágil, en esa supuesta cresta de la ola. Una noche en que su ex-marido, el amor de su vida, el imbécil y drogadicto Blake Fielder había sido encarcelado por traficante, una docena de “paparazzis” se concentraban en el portal de su “flat” en Camden, el mismo donde ha aparecido muerta. Como hacía un poco de frío, abrió la ventana de su salón, le silbó y les invitó a todos que subieran a tomarse una copa. Esa era Amy, la chica de la puerta de al lado, la hija de un taxista al que Dios le había dado una voz maravillosa, de las pocas que se meten en el alma.

Amy es  otro buen cadáver exquisito de la música que muere a los 27 años, edad fatídica en el mundo de la música. Es increíble que con esa misma edad se fueran Robert Johnson, Brian Jones de los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Kurt Cobain. ¿Era consciente de ellos Amy Winehouse?. Siempre nos quedará la duda.

Amy tomaba sobre todo vodka, pero también lo confundía o lo mezclaba con Ketamine, extasis y, por supuesto, coacina y heroína. Se tragaba la vida a base de drogas. Siempre que  estaba al borde del colapso, la convencían de que fuera a una clínica para desintoxicarse. Era inútil. El último episodio no ha lo ha podido resistir.

Amy Winehouse fue obligada a suspender su gira europea de este verano, tras el episodio en Belgrado, donde como una muñeca rota, sobrepasada por el alcohol, por las drogas, apenas podía articular una palabra o mantenerse en pié.

Su manager Raye Cosbert y los ejecutivos de su compañía Universal la amenazaron de que no si cambiaba radicalmente jamás la dejarían volver actuar en directo, grabar una canción. Demasiada presión para Amy.

Hace unos días tan sólo, el 20 de julio,  hizo una aparición breve en el Roundhouse de Londres para apoyar a su sobrina -también cantante- Dionne Bromfield. Cantó sólo ‘Valerie', Back to Black' y ‘Love is a losing game', quizá su obra maestra. Mi canción favorita de la que incluso Prince hizo una versión brillante.

Amy nos deja sólo dos álbumes. La “opera prima” “Frank” y su gran obra, Back to black. Demasiado poco para saber si hubiera sido la nueva Billie Holliday. Pero no se preocupen . Ya verán como los buitres de la industria abrirán sus alas. Amy Winehouse ha dejado más de treinta canciones terminadas o casi terminadas, algunas de ellas destinadas para un hipotético tercer álbum. Seguro que en Navidad tendremos el disco postumo.

He visto un horrible anuncio, un “billboard” en las calles calles, con la marca Amy “no sé qué”. Va de moda. ¿Retirarán ahora la campaña?. Cualquiera sabe. Es un magnífico ángel caido y hay que rescatarlo de las garras de la muerte. Hay que resucitarlo comercialmente. Recuerdo ahora una, de sus canciones en el segundo álbum. Decía “dulce reunión en Jamaica y en España… , pero ya sabes que yo no soy buena…”.