MR BEAN, SI; JOHNNY ENGLISH, NO

Hace unos diez años concocí a , gracias a mi buen amigo Ronan Keating, el cantante de los irlandeses Boyzone, que participaron en la primera  película de Mr. Bean para la pantalla grande.

Me presenté como productor de discos, nada de periodista, a los que no quiere efusivamente. Le dije que mi admiración por su trabajo rayaba en el fanatismo y que Mr. Bean me parecía el personaje cómico con el que más me he reído en mi vida, superando a los hermanos Marx y Charlot.

Se lo decía, porque en mi opinión nadie como Mr. Bea podía sin hablar, sin hacer imitaciones, sin reirse de nadie, podía hacer un humor tan maravilloso.

Atkinson que es de pocas palabras y bastante serio, al menos al primer envite, me dijo que a Mr Bean le quedaba poco de vida, por la sencilla razón de que Mr. Bean era un niño en el cuerpo de un hombre y que él empezaba a sentirse demasiado viejo para representarlo, consciente de que no podía tratar de engañar a los fanáticos del personaje.

Atkinson  para mí siempre será Mr. Bean, aunque quiera jugar a  ser James Bond, su personaje favorito en el mundo del cine. Tiene 56 años y a veces, Mr. Bean no es tan sólo un niño. Suele ser también el mezquino, el pesimista e inseguro personaje que es afín a la mentalidad inglesa. Ese inglés que conduce un McLaren Formula 1 cuando le dejan correr y que tan sólo hace mes y medio volvió a estrellarlo por segunda vez. Mr. Bean es un niño que corre mucho.

La penas es que no quiera hacer más a Mr. Bean. La primera Johnny English era mediocre. Ahora, ocho años después de retorna con otra todavía peor, soporífera, con un sentido del humor que no tiene nada que ver con el Rowan desarrolla con Mr. Bean. Solemne batacazo.