Siempre he considerado que Morrisey ha sido sobrevalorado.

No quiero entrar en el debate de que siempre ha sido defendido por el colectivo gay, como le acusan algunos. No, no es eso.

Morrisey sempre ha desafinado irremediablemente. Como cantante, como música.

Otra cosa es que quiera escribir letras como Oscar Wilde o Goethe. Pero para eso ya están los escritores. Tuvo la suerte de tener a su lado a Johnny Marr, en los Smiths. Pero tras la separación en 1987 ha tenido una carrera con demasiados altibajos.

Ahora, con el décimo álbum terminado y con 52 años, no tiene casas de discos. Nadie le quiere, pero no está dispuesto tampoco a regalar su álbum como “In Raibows” de Radiohead. Se niega en rotundo. Hace bien. Pero, ¿que espera?.

Ahora entiendo esos ataques furibundos a la reina de Inglatera, a la opresión inglesa, al premier conservador. Ha disparado contra todos o los que ha convenido para llamar la atención y que la prensa publicara sus sensacionalistas puntos de vista.

Pero ni aún así la estrategia le ha servido. Dice que las multinacionales no le fichan, porque prefieren a los artistas jóvenes. No es cierto y lo sabe.

Y encima ataca a internet con esa lengua perfida que le caracteriza. Ha dicho que internet ha borrado del mapa a la música. Ha matado a las tiendas de discos, a los artistas, hasta las compañías que ya piensan que vender trescientas mil copias no cubre ni los gastos.

¿Es  culpa de Internet o es Intenet el que no lo quiere?.