MICK JAGGER, 69 AÑOS Y TODAVÍA UN “STONE”

Ayer cumplió 69 años Sir Michael Phillip Jagger, cantante de los .

Bordeando los setenta años y a pesar de todas las discusiones con – autobiografías impertinentes de por medio incluidas-, la verdad es que Mick sigue siendo un stone, ese es el lugar que le ha deparado la historia.

Él lo sabe, y sabe que no es moco de pavo, pero a Mick le hubiera gustado triunfar como solista y dejar un poco atrás a los Rolling Stones. En algunos momentos han llegado a ser una losa para él.

El fracaso de Superheavy quizá fue la gota que colmó el vaso. Atrás quedaban 4 álbumes en solitario prácticamente estrellados en lo comercial. Sobre todo el cuarto, Godess In The Doorway (2001), del cual vendió 954 ridículas copias en su primer día de edición.

Enorme confusión. Decepción. Ejecutivos cariacontecidos preguntándose cual ha sido el error, cuando el disco ha contado con célebres colaboradores, y, lo que es más importante, con una fuerte campaña promocional.

Y lo cierto es que el disco sigue vendiéndose poco… Tan cierto como que  “Godess In The Doorway” es probablemente el disco más notable grabado por su autor hasta la fecha.

Pero el tiempo pasa, y donde varias generaciones hemos visto a un sex symbol, a una de las figuras más rutilantes del rock and roll, quizá los más jóvenes solo vean a un simpático y gesticulante abuelito meneando el trasero (…)”, contaba quién esto suscribe a Plásticos y Decibelios en diciembre de 2001.

Jagger y Richards siempre se burlaron del final de los Beatles, de la vendetta posterior, y , sobre todo, de los discos que hicieron en solitario en la década de los 70. Pero – ay- cuando les tocó el turno como solistas a Keith y a Mick en los 80, se demostró que en muchas ocasiones los discos de estos eran tan inconsistentes o más que los de aquellos.

Pero si Jagger no ha cuajado en solitario no ha sido por falta de calidad,  sino por ser el cantante de los divinos Rolling Stones. Alguno de esos discos no estaba tan mal. De ahí parte cierta tirria de Jagger hacia los fans de los Stones, a  los que considera un colectivo básicamente inmovilista y reaccionario.

Mejor o peor, Jagger siempre ha intentado mirar hacia el futuro. Odia las antiguallas, y el olor a  naftalina. Jagger y Richards son la cara y la cruz de los Stones. Keith significa la esencia de todos los valores más rock y blues del grupo, el lado “auténtico”. Jagger se ha visto “condenado” a seguir siendo, de tanto en tanto, el frontman, el showman de los Rolling, como siempre se les llamó aquí en España. Uno de los mejores frontman, si no el mejor, que banda alguna de rock haya podido tener (se me ocurre Iggy Pop como posible contrincante, ni tan siquiera Jim Morrison).

En cierto modo es normal: un grupo que marcó a sangre y fuego el rock, y el pop, de los 60’s; que desde 1968 (“Beggar´s Banquet”) hasta 1972 (“Exile On Main St.”) vivió sus años de apogeo, de máxima expresividad y máxima realización – porque la vocación real del grupo era la música americana-; que inició un lento, pero muy interesante, declive de “Goat´s Head Soup” a “Some Girls”. Culminado en un no tener prácticamente nada que decir (“Emotional Rescue”, 1980).

Los Stones tuvieron que recurrir en 1981 a un disco recopilatorio de sobras, algunas excelentes, titulado “Tatoo You”. El LP incluso contenía un par de cortes de 1972 con un, no citado en créditos, Mick Taylor a la guitarra que les demandó y acabó recibiendo royalties por las canciones. Fue el que algunos todavía consideran su último “gran” álbum.

¿Y a partir de entonces qué?  Un grupo fantasma que se junta de vez en cuando, de más a mucho menos (el problema es la edad), para grabar un disco en estudio y emprender una gira multimillonaria monstruosa.

A los Stones se les perdona todo: mosqueos de rock stars , geriatras on the road, caídas de cocoteros… O casi. Incluso que hayan dilapidado gran parte de su crédito y leyenda en discos irrelevantes que solo interesan ya a su vieja parroquia.

Ahora Jagger se prepara para afrontar con el mejor ánimo posible el 50 aniversario del grupo. Va a volver a representar el papel de su vida. No le queda más remedio. Porque él, ante todo, le guste o no, es un rolling stone.