“Al final se demuestra siempre que son hermanos”. Eso me decía un músico que conoce muy bien a los hermanos Gallagher.

Liam puede ser el gran bocazas por naturaleza, pero está claro que Noel puede meter también la pata, en ocasiones, irremediablemente.

A las personas se les analiza cuando están los momentos más bajos. Pero también los más altos. El filósofo advertía  de que una persona inteligente se levanta siempre de los fracasos, pero un estúpido no se repone de un éxito.

ha cometido un error al decirle a los periodistas de los tabloides británicos que “él no necesita un número uno”, que le daba “lo mismo” y que hubiese preferido que un “triunfito” del factor X -el gran horror- llamado Matt Cardle le hubiera arrebatado el primer puesto. Como si Noel estuviera por encima del mal y del bien.

Mentira. Eso es un desprecio que nadie se cree. Pero claro era su “gran día”. La soberbia destroza a los humanos. Incluso la ira del talento.

Noel había triunfado en Dublín con su primer show de la gira, el Manchester City le había ganado nada menos que por seis a uno al United, recibía el premio de Q magazine y encima le habían anunciado que su “opera prima” era número uno. No podía más.

Es la típica soberbia de cuando te crees el más grande. Sólo hubo uno que tenía gracia. Era Cassius Clay, pero luego la caida fue terrible.

La humildad es siempre el peor esfurerzo, Noel. Que a veces  demuestra su sanidad mental, sin tener que sacar la vena de los Gallagher, dos “holligans” del Manchester City.