Una luminosa extraña mirada envuelve el rostro de Mark Freuder Knopfler siempre que hay una pregunta relacionada con su divino instrumento: la guitarra. Bob Dylan dijo de Mark que verle tocar era como si miraras a un angel con cien dedos jugando con seis cuerdas.
prefiere viajar a Madrid siempre que su compañía le prepara un plan para promocionar un nuevo álbum:

Es una buena excusa volver a Madrid. Me gusta mucho la pintura. Y algo mejor, me gusta mucho el vino de Rioja. Creo que me he hecho un representante de ese vino en todo el mundo. Se lo he dado a conocer a mucha gente. Hasta ahora los franceses habían vendido mejor sus vinos, pero eso ya pertenece al pasado”.

El guitarrista también le gusta las carnes y los pescados de “asadores” madrileños, pero vivía también un aspecto desagradable de ser una estrella.

No puedo expresarte con confidencialidad las noches de amargura ,apartado de mi guitarra. Yo,normalmente, me acuesto todas las noches con mi guitarra. Siempre raspo tiempo para acabar el día en busca de ese acorde perdido o de tratar de imitar a mis héroes, como el mismísimo Chet Atkins”

Como le recuerdo que nos conocemos desde el año 78, trato de meter los dedos en la herida de su secreto y, esta vez, me responde con sencillez, a pesar de mi incredulidad:

Creo que fue en el apartamento de mi amigo Steve Phillips en Leeds. Allí solía tocar una guitarra acústica Gibson Dove, que tenía unas cuerdas extraordinariamente suaves y ligeras. Así que parecía una eléctrica de sensibilidad. Empecé a tocar con los dedos. Y prácticaba y pácticaba hasta darme cuenta que con este estilo surgía más la inmediatez en mi música y el alma en ella. Lo que pasa que para tocar en directo, al tocar con los dedos, tuve que instalar un pedal de volumen siempre a tope”.

Le insisto a Mark, que desde que él estudiaba periodismo, ha sido un estudioso de la música “country”.

Bueno, sí, pero nunca fui un erudito como Stefan Grossman o cosa parecida. Siempre he detestado estudiar los fenómenos musicales desde un punto de vista clínico y erudito. Prefiero sólo el disfrute de la música sencillamente. No se puede hacer una religión de cada cosa”.
Pero sí que ha hecho una religión de su fascinación por América.

”Tengo que reconocer que con tan sólo nueve años me enfrenté a un espejo y me propuse ser como Elvis Presley. Le imitaba. Años después, ya sabes, escribí un tema que se llamaba ‘Calling Elvis'. De quinceañero soñaba con recorrer América, en aquellos autobuses Greyhound, con aquellos fabulosos galgos pintados en sus carrocerías. Leía a Kerouac. En fín, me sabía hasta las películas. Eso ha marcado una impronta en mi vida”,

Le refresco el tema Knopfler, su extraño apellido.

”Bueno, no tengo ningún problema en reconocer que mi padre era un arquitecto judío en Hungría y que tuvo que exiliarse por su afínidad al partido comunista, antes de la Segunda Guerra mundial, cuando entre los magiares gobernaba un gobierno fascista. Siempre nos criaron a mí y a mi hermano David con un sentido de la libertad algo esencial. Luego, con el tiempo, odié el regimen comunista húngaro, segregado de la dictadura soviética. Cosas de la vida”.

Para el millonario Mark Knopfler esta sociedad nos describe que el paraíso se encuentra en los viajes en busca del sol y que anuncian con orgullo las agencias de viaje.

”Es posible que eso sea así para los pobres mensajeros, los motoristas que se juegan la vida todos los días, entre la lluvia y el frío. Pero, por ejemplo, para el millonario Knopfler yo no aguanto ni quince días en ese precioso paraíso al sol. Lo detesto. Tras una semana en el paraíso, mataría por una taza de té inglés. Es la verdadera ironía de la vida y de esta sociedad desgastada, aprisionada en su propios errores y horrores”.

Hay otro misterio por aclarar. Mark es zurdo, pero toca la guitarra con la mano derecha.

”Supongo que es más difícil encontrar guitarras para zurdos. Pero creo que es la necesidad. Como empecé tocando con los dedos en una acústica, creo que me acostumbré a ese estilo”.

Si le preguntas por su guitarra favorita, te contesta:

”Me gustan todas las marcas. Así que en ese sentido no “me voy a mojar”. Pero te diré que tengo un cariño muy especial a una guitarra llamada Pensa , especialmente diseñada para mí. Pero lo normal es que toque con una Fender Stratocaster y una Gibson Les Paul. No soy muy caprichoso con la guitarras”.

Mark se siente especialmente agradecido a la vida, ya que  la universidad de Newcastle Upon Tyne le nombró Doctor en Música.

”Es para sentirse orgulloso, porque fue  esa ciudad la que me acogió especialmente cuando tenía nueve años. Yo nací en Glasgow. Es decir, soy escocés de nacimiento, pero mi vida giró sobre Newcastle”.

No quiere hablar mucho ni sobre su divorcio ni sobre su hermano ni sobre Dire Straits, el grupo que lo tiene enterrado.

”A menos que existiera una razón muy poderosa, por ejemplo, un fín benéfico o caritativo, el grupo no quiero que resucite. No me gustaría que fuera como fue entonces. No me gustaba. Prefiero la libertad actual”.

Mark Knopfler, normalmente, vive en su casa de Londres, en Chelsea. Se divorció de la actriz Kitty Aldrige, con la que tuvo dos hijas, Isabella y Katya. Este ha sido su tercer divorcio. Tiene dos hijos gemelos, Benjuí y Joseph de un matrimonio anterior. Un paleonteólogo escuchaba música de Dire Straits, mientras descubría una nueva especie de dinosaurio, por ello, le puso el nombre de Masiakasaurus Knopfleri a toda la especie. Su tema ‘Going home' todavía se utiliza cada vez que juega el Newcastle de fútbol, a pesar de que su buen amigo Sting cantó y compuso un himno especial para el equipo. En 1995, decidió  acabar con Dire Straits.

Ahora pasa buen tiempo en sus propios estudios , los British Grove Studios, en Chiswick, que los Rolling Stones han puesto de moda.