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Russell Mael, fotografiado por su hermano, con el público madrileño a sus espaldas.

Buena entrada sin lleno en la sala Copérnico para ver a los hermanos prodigio de Los Angeles, pero, lo más importante, todo el público con una sonrisa bien grande puesta en la cara al abandonar la sala.

Lo de los Mael es increíble: más de 40 años adelantándose sistemáticamente a todas las corrientes más importantes de la música pop y ahí siguen entregando sorprendentes, imaginativos, discos cuando otros que fueron más importantes que ellos en los 70’s hoy han desaparecido, o se han ido diluyendo poco a poco por el inevitable, a veces atroz, paso del tiempo.

El concierto comenzó con un pequeño accidente cuando a Ron Mael se le venció su único e intransferible teclado “Ronald” (un Roland no sé si tuneado o fabricado expresamente para él por la propia marca de instrumentos). Un poco más y el teclado acaba en el suelo. Minucias para el callo que tiene Ron, no les tiembla el pulso, de cualquier adversidad hacen una broma, tienen el don y tienen la inteligencia. La escena recordó un poco a la foto de portada de su magnífico 2º LP “A Woofer In Tweeters Clothing”, en la que se puede ver a Ron, entonces con mostacho charlotiano, a punto de meterse un trompazo.

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Los hermanos angelinos venían para presentar su disco en directo “Two Hands, One Mouth”, y al final les salió otra cosa casi totalmente diferente. No faltaron sus clásicos “This Town Ain´t Big Enough For Both Of Us”, “The Number One Song In Heaven”, “When Do I Get To Sing ‘My Way’“ o su más reciente “Suburban Homeboy”, pero eligieron un repertorio atípico, más si tenemos en cuenta que es la primera vez que tocan en Madrid al margen del festival Summercase 2006.

De esa manera comenzaron a sonar “Big Boy”, “Nicotina”, “BC”, “Those Mysteries” (casi un tributo al viejo “Smashed Blocked” una oscuridad de John´s Children, el primer grupo de Marc Bolan), “Here In Heaven”, “How Are You Getting Home?”, “Popularity”. Un concierto con muchas sorpresas, porque los Mael tienen para dar y repartir, se lo pueden permitir.

También hicieron un fragmento de su musical “The Seduction Of Ingmar Bergman”, un proyecto en principio radiofónico que van a convertir en película según nos informaron los propios hermanos Mael desde el escenario.

van totalmente a la suya, siempre lo hicieron, están al margen de las modas porque son ellos quienes las crean para que sean otros los que se aprovechen y triunfen con ellas después, así se ha escrito su historia y así debe ser. En directo ofrecen un cabaret-pop con elementos de electrónica, música clásica o de cualquier otra cosa que pueda caer en sus manos, y todo lo regurgitan con la actitud punk propia de unos gentlemen. Son elegantes, divertidos e inteligentes.

Russell Mael conserva muy bien la voz y es un extraordinario frontman. Ron es el cerebro, el que mueve los hilos como un mago maravillosamente chiflado, hierático, como una estrella del cine mudo pasada de rosca. Al final Ron nos obsequió con su, ya célebre, baile acharlestonado más loco que nunca (más abajo vídeo).

Todos felices al final, público y grupo. Ron dijo que se acordarán de nosotros , de Madrid, cada vez que tengan el culo como un témpano de hielo, no esperaban pasar tanto frío. Y, tras más de 10 minutos de aplausos, la promesa de que regresarán pronto. Así sea.

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