LOU REED: DEL RUIDO DE VELVET UNDERGROUND A UN METÁLICO «LULU»

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Nos ha llevado un buen rato asimilar la noticia, nos ha sentado como un tiro, lo he comentado con varios amigos, entre ellos Julián Ruiz, y la reacción ha sido la misma: nos cuesta trabajo creer que Lou Reed haya muerto. Primero una reacción de sorpresa, agitación intensa, seguida de un sincero sentimiento de pesar. Los buenos aficionados a la música, obviamente, tienen a Lou en alta estima, valoran muy alto su obra.

Lou Reed era uno de esos personajes duros, curtidos, como de hierro, que parece que no se van a morir nunca. Finalmente no nos ha quedado más remedio que aceptar la marcha de uno de los cantantes y compositores más grandes e influyentes que la cultura del rock haya podido dar desde su nacimiento en los años 50.

De hecho Lou fue uno de los visionarios que cambiaron el devenir de esa música cuando unió sus fuerzas a las de John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker en 1965/66. The Velvet Underground nació como un intento casi suicida de hacer un rock nuevo aunando las enseñanzas de la música experimental o avant -garde con el rock and roll original tan querido por Lou. V.U. fue la creación más importante de Lou Reed. Uno de esos grupos que marcan a fuego una música, malditos entre malditos (porque fueron los mejores malditos, los más inspirados), un sonido único, irrepetible, por más que los del indie de los 80 se propusieran copiarlo-homenajearlo-saquearlo.

Hicieron un disco de presentación mayúsculo, con el maravilloso «pegote» de Nico, y después – tras el ataque brutal, cegador, de «White Light», ya con Cale fuera de la banda- fueron suavizando su discurso musical sin perder un ápice de inspiración y acabaron con ese extraordinario disco de rock cuasi estándar (dentro de lo poco estándar que de por sí era el grupo) titulado «Loaded». Un disco que habría ganado mucho de no haber cantado Doug Yule varias canciones que hubieran quedado mejor, con más aristas y personalidad, en la voz de Lou.

En retrospectiva si V.U. tuvieron un rocker, ese fue Lou Reed. John Cale, pieza fundamental del grupo, venía de otro sitio, de otras músicas. Ni tan siquiera sus discos más aguerridos llenos de guitarras aullando son rock and roll para mí. Son muy buenos discos, pero Cale no hace rock, ni lo ha hecho en toda su vida. Lou Reed era el rock&roll de Velvet Underground.

La de palos que le cayeron en los 70’s por un disco menor, pero bonito, como «Rock & Roll Heart». Parece que a Lou Reed no le estaba permitido divertirse. También Bob Dylan les tenía que explicar a sus fans en «Don´t Look Back» que él tenía derecho tocar con sus amigos en «Bringing It All Back Home» y divertirse un poco. Son los problemas a los que se tenían que enfrentar aquellos que dotaron al rock de profundidad, de cerebro. Los que intentaron que el rock and roll fuera más que una mera música de baile con letras sobre adolescentes. A la que hacían algo más ligero, recuperando la celebración original del rock, eran censurados. Poetas laureados del rock que a veces, sólo a veces, se aburrían como hongos interprentando el rol, el papel, que se suponía que tenían que ejercer.

En Nueva York entrados los años 60 había dos bandos: el de Dylan y el de Andy Warhol. Al parecer Dylan despreciaba todo lo que tenía que ver con Warhol por considerarlo raro u homosexual. Esa fue una de las grandes revoluciones de Lou Reed: retratar fielmente, muchas veces con una dureza no desprovista de ternura, los «otros» ambientes de Nueva York. Habló de lo que nadie parecía querer hablar, de los submundos incómodos pero existentes. Todos quedaron inmortalizados en sus canciones: maricas, putas, proxenetas, transexuales, drogadictos. La cruz de la moneda, la cara «salvaje» de la ciudad, el «otro» Nueva York, el que resplandece de noche. Lou fue New York, como Brian Wilson, California o Ray Davies, Londres.

La carrera en solitario de Lou tuvo momentos serios, solemnes («Berlin», «Songs For Drella», «Magic & Loss»), para entender bien a Reed esos discos conceptuales, más áridos, son fundamentales, básicos. Pero pienso que también algunos de esos otros en los que se dejó querer por una atractiva comercialidad («Coney Island Baby», «New York»). Particularmente para mi el Lou Reed eterno es el de «Transformer». Es el disco de «Perfect Day», «Satellite Of Love» o «Walk On The Wild Side», sus canciones más celebradas, o al menos más populares. Ese y, por supuesto, el de la banana warholiana. Un álbum monumental que sigue creando adictos en nuestros días. Un LP de debut en el que la música de vanguardia, el rock & roll americano y la música de la british invasion (Kinks, Troggs, Donovan, Who, Rolling Stones) se dan la mano en uno de los discos para siempre definitivos de eso que llamamos rock. Genial, pero nada sale de la nada, su música contenía más deudas de lo que se cree.

Tampoco se pueden olvidar olvidar mastodontes de ruido y locura como «Sister Ray» de «White Light, White Heat», «Metal Machine Music» (disco con el que creo que una persona puede llegar a enfermar si lo escucha en demasía, y lo digo totalmente en serio), o en los últimos años ese «Lulu» que grabó con Metallica como grupo de apoyo, con el que en cierto modo volvió a sus orígenes, completó su particular círculo eléctrico.

El propósito principal de Lou, dotar al rock de poesía (Edgar Allan Poe fue uno de sus últimos trabajos), hacerlo protagonista de todo tipo de sentimientos más allá de la mera temática adolescente, de hacerlo crecer y, en cierto modo, de crear un rock adulto, quedó conseguido con creces hace muchos años.

Adiós a uno de los grandes del rock. Más bien un «hasta siempre» a Lou, puesto que su obra ha quedado y quedará.

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2 Comentarios
  1. Pichi Campana dice

    Excelente artículo. Enhorabuena. De paso, también reivindicar la figura de su viuda, la fascinante Laurie Anderson. Gracias.

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