Ayer leía un despacho de agencias en que se decía que será Neptuno -nada que ver con el Atlético de Madrid-. Vamos será coronado como Rey Neptuno y su esposa Laurie Anderson, reina Sirena.

Parece un regodeo, pero se trata de las fiestas de Coney Island, en junio. Una fiestas que se magnifican con un desfile de unas diez mil personas disfrazas de peces, con una fiesta final en el Acuario. Lou Reed, como rey Neptuno, presidirá el desfile el 19 de junio.

El alcalde de Coney Island quiere premiar a uno de sus hijos predilectos. Precisamente, “Coney Island Baby”,  fue su último gran álbum, en donde recordaba y era una apología del lugar donde creció, aunque el nació en Brooklyn.

Paralelamente, como Brian Eno en Inglaterra, Lou es el encargado, el director del Festival de Arte de este año en Sydney.

Naturalmente, ha contratado a su mujer Laurie y se ha anunciado para el día 5 de junio un concierto para perros, en el que podrán participar todos los perros de la bahía de Sydney.

[ad#adsense-250×250]Pero una vez más, esto se ha entendido como un cachondeo, un desprecio al propio arte. Pero esto no es nuevo, ya que el Concierto para Perros de Laurie Anderson data de hace unos años. Un concierto que dura sólo 20 minutos, dominado por ladridos y silbidos fantasmas, en unas frecuencias que sólo pueden ser oidos por los pabellones auditivos de los caninos. La idea está inspirada en el sonido que utilizaban los Beatles para el final del Sgt. Peppers.

Pero en España todo es como algo estrafalario, se ridiculiza, como he leido y escuchado en medios de comunicación. Como si Reed y Anderson fueran dos estúpidos o dos marcianos. Ocurrió en Mallorca cuando tuvo problemas incluso para cobrar con su concierto en que recrea su polémico “Metal Machine Music”.

Lou Reed no tiene la culpa de que unos estúpidos músicos alemanes consideraran algo genial  el detestable álbum de ruidos y “feedbacks” de las guitarras de Lou. Pero la estupidez humana puede llegar hasta el infinito.

El propio Lou me contó, a mediados de los años setenta, que tras el fracaso de su álbum “Sally can´t dance” y el pésimo trato que le daban en RCA, como le quedaba todavía entregar un álbum por contrato, le dió ese bodrio como venganza. Hecho a propósito como una locura sin coherencia, un disco de ruidos. Lou sólo quería dar un escarmiento a la compañía, con  la basura que entregaba a RCA.

Me contó Lou que RCA no quería lanzarlo al mercado. Le parecía una tomadura de pelo, pero cuando se enteraron de que Clive Davis había fichado a Lou para su sello Arista, lo lanzó rápidamente, casi al mismo tiempo que su formidable “Coney Island Baby”.

Lou tiene ya 68 años. Considera a la vida mucho más importante que el arte.

Abajo, mi tema favorito de Coney Island, el irónico ‘A Gift'.
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