se siente perplejo y francamente preocupado por su vida desde hace un par de semanas. En una declaraciones a USA Today, el segundo períódico de tirada en Norteamerica, acaba de decir:

“Unos quince días atrás empecé a llamar extrañas llamadas en mi teléfono movil, en mi página. Eran insultos, descalificaciones. Lo más peregrino era llamarme “hijo de puta”. Pero últimamente, todas esas amenazas se han convertido en mensajes de muerte, de asesinato , de tortura y de avisos para apartarme todo lo lejos que pueda de . Estoy francamente preocupado”.

El álbum “Lulu” ha creado toda esta perversión y la salida violenta, amenanzante de los seguidores más ultras de Metallica. Como en el fútbol, los grupos tienen sus “ultras”, que son más peligrosos que los “hooligans”.

En cualquier caso, el ataque y la aparición de los ultras de Metallica es despiadado, insoportable e inaceptable. “Lulu” no es una herejía. Es un álbum con poca química, pero no es una anatema para Metallica. La historia de “Lulu” no interesa a nadie, pero la colaboración no puede ser de otra manera.

Es que Lou no canta dicen los ultras. Lou Reed jamás cantará “metal”. Es otra cosa.En cualquier caso, una pequeña dosis de sofisticación a ese mundo de ultra-tumba de los metaleros parece un sacrilegio. Da miedo.

Tampoco parte de la crítica norteamericana ha ayudado mucho. Han declarado que es la colaboración más inacaptable de todos los tiempos. Por encima de la estúpida de Paul Mc Cartney y Stevie Wonder en “Ebony and ivory” y Mick Jagger y David Bowie, en “Dancing in the street”.

Una exageración. Esta vida se convierte en un disparate.