LA LOCURAS DE WAYNE COYNE Y YOKO ONO

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Fue un seguidor con infinita paciencia de Flaming Lips y de Wayne Coyne en aquellos años prodigiosos, pero desde hace cinco es como si el carismático líder hubiera sido inducido, efectivamente, por un extraterrestre. Quizá más sencillo que todo eso. La drogas lo han devorado.

Hace dos años hizo unos villancicos increíbles y estúpidos con aquel ‘Christmas in Mars’. Ahora se ha superado.

Yoko Ono, cada día más payasa, ha aceptado a salir  de gira con Flaming Lips, con varios conciertos navideños.

Además, se ha prestado a meter a su escandalosa e insoportable voz en una canción navideña que escribió Wayne hace tiempo, titulada Atlas Eets Christmas’

El montaje fotográfico con John y Yoko, en el tiempo de la portada de «Two Virgins» y la aparición de Flaming Lips, en lugar de parecer gracioso es detestable.

¿Que diría John Lennon?. Yoko Ono dice que es una celosa vigilante del legado de John. Esto, ¿qué es?. La rídicula falta de honor y de estilo de una anciana que sólo le importa el dinero y su miserable carrera de pésima artista.

2 Comentarios
  1. Manuel dice

    ¿Es que «esa», no se va a cansar nunca de explotar de una manera tan miserable la imagen de John?
    Me produce asco tanta miseria.

  2. Isaac dice

    Supongo que Yoko Ono disfruta imaginándose que pertenece a una especie de élite artística e intelectual.

    Quizás crea que el talento es una enfermedad de transmisión sexual. O puede que espere que, al ser multimillonaria, sus patéticos devaneos en el mundillo del arte se confundan con expresiones excéntricas de una personalidad genial.

    Pobre Wayne. Posiblemente su psiquiatra se lo haya recomendado cómo terapia de shock. Pero, por el bien de la salud mental colectiva, Yoko no debería cantar ni en la ducha.

    Si Yoko quiere difundir el legado de John, una vez reeditados y remasterizados los discos de los Beatles, ¿podría hacer algo mejor que poner el dinero y los medios para apoyar el último álbum de Julian Lennon?

    Sin embargo, Yoko parece más bien una de esas emperatrices romanas que conspiraban para aniquilar a sus hijastros y eliminar así toda competencia para sus retoños.
    Nunca ha podido digerir que en la lotería genética el boleto afortunado no fuera el de Sean. Y que su apuesta fuera a caballo perdedor.

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