y su hija Lorca, nacida por el gran amor del canadiense al poeta español.

La primera vez que ví a Leonard Cohen en mi vida fue en el segundo Festival de Wight. Era domingo por la noche, estaba agotado, pero me impresionó su voz profunda, su extraña relación con la banda que le acompaba llamada The Army.

Recitaba-cantaba poesía, pero no tenía nada que ver con Bob Dylan. Era otro tipo de folk rock. Tan extraordinaria fue aquella actuación que hace un años apareció en disco, DVD y Blu-ray. Lo recomiendo.

Desde todos estos años le he seguí, le he entrevisté, le he preguntado por su  larga lista de amantes y me he dejado impresionar por sus anecdotas sobre el gran Phil Spector, ahora todavía en la carcel.

Mi pasión por Cohen me llevó a peregrinar hasta la isla griega de Hydra, donde vivió como un recluso. Ví la casa donde vivió y sospeché como se hizo amigo de los famosos gatos de la isla. Allí realizó  su famosa colección de poesías titulada Flores para Hitler y dos novelas que no están mal: El juego favorito y Bellos Perdedores.

¿Por qué dejó de escribir literatura y empezó a componer canciones?. Una vez me dijo , porque en el mundo de la música se ama mejor a las mujeres. Cuando salió el Sgt. Peppers de los Beatles, Leonard fue un habitual de la factoría de Warhol. Tuvo un profundo  “affaire” con la cantante del grupo de Lou Reed, la berlinesa Nico, que luego sería la famosa rubia del anuncio del Centenario Terry. Luego, Judy Collins, que cantó su canción Suzanne y la hizo un éxito. Suzanne era la esposa de un famoso escultor candiense y Leonard la inmortalizó con una comprometida historia de amor.

Cohen devoraba canciones, como mujeres. Desde Joni Mitchell, pasando por la actriz Rebecca de Mornay hasta se dice que Carla Bruni, a raíz de unas fotos de su amante la fotógrafa Dominique Issermann.

Una curiosa manera de reaccionar ante los profundos años literarios en que sólo escribía de depresiones, suicidios y perdedores. La música lo transformó, aunque el budismo,  lejos de prohibir el sexo, lo fomentaba.

Me contó que es posible que su álbum con Phil Spector fuera realmente la “muerte de un mujeriego”. Fue en 1976,  Cohen se sintió como un pobre paria, en manos de un Spector que le cambió el sentido de su música y su poesía , amén de amenazarle en ocasiones con un revolver. Una locura.

Podría contar algunas anecdotas de su hija Lorca. Lorca se llama así, porque Cohen es un apasionado de la poesía de Federico García Lorca. Muchos de sus poemas tiene la raíz lorquiana.

Cuando su asesor financiero lo arruinó y le echó a la carretera, una vez más. Cohen dijo que estaba arruinado y tenía que empezar de cero. Durante un concierto en Valencia, incluso se desmayó. El calor de los focos, los años y la imaginación de un poeta que ama la música como un vehículo para transportarnos hacia su alma generosa de  budista, que siempre tiene palabras y notas que nos acercan un poco más al Nirvana. Es el recuerdo de mi gran Leonard Cohen.