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“Quería tocar en manicomios”, explicó  en el libro sobre su vida “A Broken Hallelujah: Rock ‘n’ Roll, Redemption, and the Life of Leonard Cohen” de Liel Leibovitz, editado en 2014 por Sandstone Press Ltd.

El libro vio la luz en dos ediciones distintas con diferentes portada, título y editoriales. La otra edición se llamó “A Broken Hallelujah: Leonard Cohen’s Secret Chord”. Leibovitz insistió mucho en que no se trataba de una biografía al uso del cantante y poeta canadiense.

En uno de sus capítulos el autor relató la gira europea inenarrable, provocadora, punk, de Leonard en 1970. Algo que haría palidecer a muchos cachorros transgresores del rock.

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Al parecer Columbia, la discográfica de Cohen, no sabía muy bien que hacer con él en 1970. Leonard no era un rockero, y como cantante resultaba inclasificable, un hombre mayor para el pop (36 años en 1970) que susurraba, narraba las canciones, más rapsoda que cantante.

Por entonces Cohen no era el artista laureado que es hoy día. No tenía un Premio Principe de Asturias, ni muchos de los otros galardones que le fueron otorgados con el paso de los años.

De hecho no tenía nada, estaba casi empezando como cantante. No había tenido ninguna canción de éxito (ni siquiera “Suzanne” lo fue) y sus primeros LPs tuvieron un éxito modesto. Definitivamente se trataba de su fichaje más “raro”.

Los de Columbia decidieron mandarle de gira europea. Pensaron que su música reflexiva, tranquila, melancólica gustaría en el Viejo Continente. Eso serviría para que Leonard Cohen hiciese allí una pequeña base de fans al menos.

A Cohen no le hizo ni pizca de gracia la idea de girar por Europa: “los riesgos de una humillación eran demasiado grandes”. Sin embargo Columbia no dio su brazo a torcer y en mayo de 1970 para acá que vinieron Leonard y su séquito.

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Pues bien, para abrir boca el 4 de mayo en el Musikhalle de Hamburgo, cuando el concierto iba a empezar llegó la mala noticia de que en la Universidad de Kent había habido disturbios estudiantiles con el resultado de 4 muertos y 9 heridos.

Según cuenta Liel Leibovitz, el miedo escénico, el mandrax y la violencia política fueron un cóctel demasiado potente y embriagador para un Leonard Cohen que salió al escenario, tocó unas cuantas canciones, y al poco se puso hacer como un loco el Paso de la Oca y a saludar brazo en alto al grito: SIG HEIL!

El grandísimo pollo que se montó sólo lo podrían relatar los allí presentes. No hace falta recordar que Leonard Cohen era judío. Ese brazo en alto provocó la locura. La gente le gritó, abucheó, el alboroto fue ensordecedor ante este gesto kamikaze de Cohen.

Hubo personas que tomaron al asalto el escenario, gente a la que Cohen parecía animar. Ríanse de Jim Morrison, Iggy Pop, y otros enfants terribles de la música rock.

Incluso hubo quién pensó que Cohen podía tener un arma.

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Al cabo de un rato la caótica escena apenas parecía calmada, la tensión seguía a flor de piel flotando en el recinto. Algunos miembros de la banda de Cohen amenazaron con abandonar la gira. Al final no lo hizo ninguno, y Cohen y su comitiva continuaron su gira bajo el apelativo “The Army“, más como una unidad militar en misión que como una banda de música.

La gira continuó por el estilo, al ataque, con Leonard Cohen de Capitán General. Constantes desafíos a la policía local por donde quisiera que pasaran. En el Olympia de París, Leonard animó al público a pasarse a la seguridad por el forro y tomar el escenario para unirse a él. En Copenhague la policía le siguió hasta el hotel una vez acabado el concierto, etc, etc…

Parecía que Leonard Cohen quería resarcirse de sus heridas con la vieja, cruel, Europa, bueno, Estados Unidos tiró dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

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Los críticos musicales se cebaron con él, y definieron su música como “las impresiones profundas de una tierra perdida, triste y torturada.”

Para que se pongan en situación “Leonard Cohen 1970”, abajo hemos rescatado “The Partisan” en directo en París en aquel mismo año.