El 18 de julio de 1988 , hace 30 años, murió en Ibiza de un derrame cerebral Christa Päffgen, más conocida por  , que  ha pasado a la historia del pop por cantar y firmar junto al grupo el primer disco de The Velvet Underground, uno de los álbumes clave de la historia de la música popular del siglo pasado. Hoy hubiera cumplido 80 años.

Siempre me acordaré que en la revista Popular 1 , en el tiempo que allí escribía , organizó un concierto de aniversario. Y se contrató a Nico, dada nuestra fiebre por el personaje de Lou Reed. Estuve todo un día con ella. Me pareció una persona con una cara asombrosamente bella, aunque ya no era joven, había pasado de los cuarenta. Su pelo rubio, su voz más que grave y su extraña sonrisa.

LA HISTORIA DE NICO DE VELVET UNDERGROUND

Por ejemplo, cuando le dije:

-Ese crucifijo que llevas en tu pecho sé quien te lo ha dado ..

-¿Sí?.

Te lo dió Jim Morrison hace años.

Se quedó estupefacta sonrió y dijo, ¿como lo sabes?. Lo había leído simple,mente en una biografía de la Velvet. A cambio me contó que era Lou Reed al que le embutió el mundo decadente de Berlín, porque ella había vivido allí , muchos años, en el Berlin Occidental. Y fue Lou el que le metió a Bowie el mundo berlinés. 

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Cuando era una rubia jovencita de 16 años y trabajaba en unos grandes almacenes de Berlín la descubrió –qué tópico- el fotógrafo de moda Herbert Tobias. Fue Tobias quien se inventó para ella el nombre artístico por el que ya sería siempre conocida, inspirándose en un antiguo amante de él, el director de cine griego Nikos Papatakis, a la sazón marido de la maravillosa Anouk Aimée , de “Un Hombre y una mujer”.

Curiosamente, el mismo cineasta  Papatakis sería quien más tarde la animó a cantar. Pero antes de eso los rasgos nórdicos y poderosos de Christa fueron presencia habitual en los soportes publicitarios.

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Son especialmente recordadas sus campañas para  el brandy español Centenario Terry, la chica del “caballo blanco”  (“Terry me va”, afirmaba un caballero; “Usted sí que sabe”, respondía ella) que, acaso por buscar una imagen cosmopolita, fomentaba la fantasía de sus consumidores con valkirias a caballo en lugar de recurrir a estereotipos femeninos más mediterráneos.

 

Su carrera de maniquí fue viento en popa , ya que fue contratada por Chanel ,  pero a ella le parecía una ocupación demasiado banal y prefirió marcharse a Nueva York. La Nico icono de la modernidad es la que en Manhattan formó parte del grupo que orbitaba alrededor de Andy Warhol.

Al igual que otras chicas con vocación de danzar en una fiesta perpetua, como Viva, Candy Darling o Edie Sedgwick, participó en varias de las películas experimentales que se rodaron en la Factory. Era la chica de denso flequillo, ojos hambrientos y acento germánico que siempre parecía estar pasando por allí como si todo le importara un bledo.

Entonces a Warhol, al que hasta sus detractores más convencidos le conceden una asombrosa sabiduría para el marketing, tuvo la ocurrencia de que Nico cantara para él. Entre serie y serie de cuadros, entre película y película, el rey del pop art trabajaba como manager del grupo musical Velvet Underground, creado por Lou Reed , John Cale , Sterling Morrison y Angus MacLise . Así que se encargó de que su protegée pusiera voz a tres de las canciones del primer álbum de la banda, Velvet Underground & Nico (1976) , cuya famosa portada con un plátano también diseñó él mismo.

La Nico cantante es seguramente la más conocida de todas las Nicos. Los miembros de Velvet Underground habían recibido con reticencia la idea de Warhol, pero la aceptaron porque a ver quién decía no al mayor genio artístico-publicitario de aquel momento.

La voz de Nico, grave y solemne, como de una Greta Garbo que pretendiera asustar a los niños, sonaba perfectamente moderna. Escuchado hoy, el disco resulta extraño  en momentos como el estribillo de la canción “All tomorrow’s parties ( And what costume shall the poor girl wear / To all tomorrow’s parties? )”.

 

De todos modos, el grupo nunca se llevó muy bien con ella: incluso harían chistes sobre sus limitadas aptitudes musicales. Nico, poco después detestaría, que los periodistas  le recordasen aquella época ,cosa que sucedía constantemente-. Y  pronto comenzó a actuar en solitario.

En su primer disco, Chelsea Girl (1967) , contó con la colaboración de Bob Dylan. Todo iba sobre el círculo sobre el famoso hotel artístico de Nueva York. Fue un éxito, pero ella estaba descontenta con los arreglos  que le habían impuesto.

Para el segundo, Marble Index (1969) aprendió la lección y se hizo acompañar de un órgano armonio, que sería desde entonces su marca de fábrica. Nunca se separaba de él . Ni para dormir. Y lo sé muy bien.Era como un acordeón pero en forma de teclado., cuadrado de las medidas de un acordeón.

Su arte se situaba en algún punto entre la psicodelia, el punk y la música renacentista. Con parones y arranques, siguió grabando y actuando hasta los últimos años de su vida.
Pero  también hay que contar con la Nico actriz, que había nacido casi al mismo tiempo que la modelo. Tras un par de apariciones no acreditadas en películas irrelevantes, durante unas vacaciones en Roma se cruzó con el rodaje de “La dolce vita”, dada su extraordinaria belleza.  Fellini la metió en la película haciéndola básicamente interpretarse a sí misma.

“¡Nicooooo!”, la llamaba Marcello Mastroianni mientras ella irrumpía en el plano. Aparte de las películas de la Factory y de un papel protagonista en Strip-tease (1963) , donde más pudo lucirse fue en las cintas que entre 1972 y 1978 rodó junto a quien fue su compañero sentimental de esta época, el cineasta Philippe Garrel. Tan poéticas como poco convencionales, películas del estilo de “La cicatriz interior” o “La cuna de cristal” se beneficiaban de la presencia hipnótica de la cantante, que gracias a ellas vio a su vez reforzado su estatus de musa alternativa. Mucho más tarde, su chico  Garrel ha retratado su tormentosa relación con Nico en las autobiográficas J’entends plus la guitare (1991) y La jalouisie (2013) .

 

A través de Garrel llegamos a otra Nico, que es la aficionada a caminar por el borde del precipicio. Según aseguraba ella misma, fue durante su relación con el director francés, a principios de los 70, cuando se enganchó a la heroína. No resulta difícil ver hoy “La cuna de cristal” como una clara apología del heroin chic donde otra diva under de la época, Anita Pallenberg, aparece inyectándose sin trampa ni cartón.

Como “La reina de las chicas malas”, la definió James Young, su teclista entre 1981 y 1986 también habló de ella como una quieta  “ yonqui de mediana edad”) , que en el documental “Nico Icon” trazaba el retrato de una narcisista capaz de reacciones inesperadas y peligrosas.

Tras pasarse quince años enganchada, Nico se sometió a un tratamiento con metadona y, según aseguraba, logró superar su adicción. Una adicción que podría considerarse el mayor drama de su vida si no fuera por la existencia misma de su hijo Ari, del que casi nunca hablaba. 

Mucho antes que la Velvet Underground, vamos con la Nico madre, que  tuvo en 1962 un hijo de padre desconocido. En realidad ella nos  aseguró que ese padre no era nada desconocido, es más, que se trataba del famosísimo actor Alain Delon. Pero él siempre se negó a reconocer al retoño, así que Nico lo crio sola en sus primeros años de vida, incorporándolo a su rutina bohemia.

Cuando Édith Boulogne, la madre de Alain, se enteró –literalmente por la prensa- de lo que había sucedido, se llevó al niño a vivir con ella y con segundo esposo.

Delon les comunicó a través de su representante: “Escoged: o el bebé o yo”. Los Boulogne adoptaron al pequeño Ari y Delon, furioso por esta decisión, se pasó diecisiete años sin hablarles.

En cuanto a Nico, pese a no hacer nada en particular para cambiar la situación, fue según Ari tan infeliz por ella –“ladrona de niños”, llamaba a Édith- que aumentó su enganche a las drogas.

Llegamos así a la parte más escabrosa de la vida de la artista. Si hay que creer la versión que entre otros ha expresado el propio Ari, fue ella misma quien inició a su hijo en la heroína. Y, cuando él sufrió una sobredosis que lo tuvo tres días en coma y a medio paso de la muerte, ella se presentó en el hospital, grabadora en mano, para registrar el sonido del respirador artificial con el propósito de incluirlo en su siguiente disco.

No es este el único lado oscuro de Nico. Muchos de sus colaboradores han asegurado que, pese a su existencia bohemia, profesaba una confusa ideología cercana al fascismo, muy alemana, ya que ella nació en época nazi.  Que de pronto podía arrancarse con comentarios racistas o antisemitas. Y que desde luego detestaba el comunismo, cosa que no se cortaba en hacer evidente cuando actuaba en países del antiguo bloque prosoviético. No está claro si esto puede deberse a la traumática vivencia de la II Guerra Mundial en Alemania. 

 

Hay que admitir que, dadas las circunstancias, Ari ha mostrado en sus intervenciones públicas un sorprendente despliegue de magnanimidad hacia sus dos progenitores. En su libro autobiográfico “El amor nunca olvida” contaba cómo en las visitas que de niño recibía de su madre, el mejor regalo que obtuvo de ella fue una naranja.

Concedamos que al menos se preocupó de que a su hijo no le faltara la vitamina C. En cuanto a Alain Delon, ambos tuvieron un breve encuentro cuando Ari ya era adulto. y le dijo:

“Eres mi colega.Mi colega, pero no mi hijo. Te voy a decir una cosa, tú no tienes ni mis ojos ni mi pelo. Así que no eres mi hijo. Yo con tu madre me acosté una sola vez”.

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Por mucho que diga, Ari es el espejo de Delon

Serge Gainsbourg sirvió como intermediario para que Ari conociera a su medio hermano Anthony Delon, nacido un par de años más tarde que él. Parece ser que la escasa relación entre ambos fue cordial. Y no sorprende que Ari, crecido en la familia de clase media del matrimonio Boulogne, percibiera a Anthony como un auténtico privilegiado.

Madre e hijo pasaron juntos el verano de 1988 en Ibiza, uno de los lugares favoritos de la cantante. Una tarde, justo cuando el sol pegaba con más fuerza, Nico decidió que quería comprar marihuana y salió de casa en bicicleta. En algún momento del recorrido sufrió un infarto y se cayó de la bici, propinándose un fuerte golpe en la cabeza que a su vez le generó un derrame. Fue llevada a un hospital, pero allí le diagnosticaron una simple insolación. Murió aquella misma noche.

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Desde la isla pitiusa se enviaron sus restos a Berlín, tras sendas escalas en Palma y Fráncfort, y en la hoy capital alemana descansan sus cenizas junto a las de su madre, Margaret Päfggen, viuda de un ferroviario que, según la biografía de la artista, murió en un campo de concentración nazi durante la Guerra Mundial.

Una  última etapa de su biografía, con  sus problemas con la heroína agudizaron su aura de ángel oscuro, la ha retratado la directora italiana Susanna Nicchiarelli en una película estrenada el año pasado en el Festival de Venecia, ‘Nico, 1988’.