u2 SEGUNDO DIA

Un sentimiento agridulce o un cabreo especial y espacial me produjo ver a .Tras dos horas de un sonido que había sido una calamidad , de una puesta en escena que se asemejaba a aquellas películas de ciencia-ficción de Hollywood de serie B, con muchas lucecitas y pantallas multicolores, pensé en seguida en Oscar Wilde y su sentido  empírico de la decadencia.

U2 es ya la decadencia. Cuando el grupo se permite a sí mismo una lujosa autoindulgencia como la de esta gira,  con un declive corrosivo de su propia impronta , U2 se convierte en  un propio simbolismo  erigido por ese torpe, estúpido y hortera escenario megalómano.
Un escenario en el que nunca se ve nada , girando con torpe candidez, como si el sonido fuera un giro de 360 grados, en lugar de un estéreo que hasta donde nuestro oídos perciben. No quiero pensar en la propia indulgencia millonaria del “bueno” de Joe O’Herlihy,  el barbudo y entrado en años, kilos y burguesía del director del sonido de la gira , que ha permitido semejante embrollo, semejante disparate. El “estéreo” de 360 grados.

[ad#tradedoubler-300×250]Pero se me olvidaba que todo es dinero, que esto es un negocio, el circo del rock, el saca dinero de inocentes fans que todavía creen en la cuadratura del círculo o de la inocencia de aquella bandera blanca que era el origen de una buena religión llamada U2.

Seguro que aquel periódico decadente “The yellow book” del tiempo de Wilde hubiera recogido con segmentos de colores los oleos de esta decadencia de U2. Prescribiendo el final de un artista cuando se le presta más atención a la forma que al contenido. Cuando es más importante el envoltorio que el arte de aquellas canciones o aquellos conciertos llenos de fuego y pasión que conocimos de U2.

Efectivamente, Macphisto es el grupo , que con tal de cobrar el dinero de Live Nation se deja perder hasta su propio espíritu. Como Fausto, como en el cada día más deteriorado retrato de Dorian Grey, la eterna juventud nunca existe.
Me importa muy poco que haya muchos o pocos temas de “. Que el pequeño homenaje al ángel caído de Michael Jackson sea mejor con “Desire” que con “Angel of Harlen” y que la secuencia de canciones gane mucho con “Electrical Storm” o con “Party Girl”. Hasta que el final sea patético, como un monstruo abatido por la perversidad del sistema.

El fondo está pervertido. No hay alma ni sangre en las estrías de la música de U2 en directo. La carpa del circo lo has devorado. Para colmo, en esa plataforma de nave especial, los cuatro miembros de U2 parecen cuatro hombrecillos devorados por la tecnología , cuando eran una banda poderosa, magnífica, provocadora. Hasta innovadora y escrupulosa como en ZOOTv.

Imagino que todo da igual. Un escritor irlandés me dijo una vez que esta era la década perdida de U2. Decía que la misión del grupo se había perdido o difuminado por los aspectos comerciales. ¿Cuál era la misión de U2?. Se suponía que era salvar al rock de las garras de esos ángeles negros que había en la industria. Pero como en el caso del cristianismo, los viejos irlandeses angeles blancos puede que se hayan convertido en negros, o sea, en los demonios de esta época.

Abajo, su “Electrical Storm” de anoche.
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