cumple hoy 71 años. Son más de cinco largas décadas de música, de discos y giras por todo el mundo desde los iniciáticos Them (uno de los grupos de la “invasión británica” más americanos) hasta el todavía sin publicar “Keep Me Singing”, que podrá escucharse el 30 de septiembre. Será su trigésimo sexto álbum de estudio.

En honor de uno de los artistas más importantes que ha dado Irlanda y el Reino Unido recuperamos una de las canciones de su fabuloso “Into The Music” de 1979.

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Después de sus dos discos más irregulares de los 70, “A Period Of Transition” (1977) y “Wavelenght” (1978), Van Morrison se recuperó notablemente con su último trabajo de la década “Into The Music”.

El álbum venía cargado de poderosas e inspiradas canciones y Van cantaba con la seguridad de quién sabe que está haciendo algo grande. Y ahí quedaron joyas como “Full Force Gale”, “Bright Side Of The Road”, “You Make Me Feel So Free” o “And The Healing Has Begun”.

Que Van Morrison siempre ha tenido una capacidad enorme para componer vibrantes singles (“Domino”, “Brown Eyed Girl”, “Jackie Wilson Said”, “Wild Night”) es algo que no se le escapa a cualquier buen conocedor de su música, pero su figura quedaría incompleta, casi desnuda, si ignoramos las largas epopeyas sonoras en las que Van desplegaba su particular “bucle”, una especial expresividad caracterizada por la economía de palabras y un sobrado apabulle interpretativo.

“And The Healing Has Begun” es una de esas. Su sentido último hay que buscarlo en la interpretación, la intensidad vocal y musical del grupo que lo acompaña. El mensaje es mínimo, básico y repetitivo. Una repetición que en cualquier otro resultaría ridícula.

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En ese sentido, Van Morrison ha sido un poco el anti-Dylan. Más parco en palabras y con bastante más vuelo canoro. Aunque ambos grandes compositores, nadie ha hecho mejor a Van Morrison que Van Morrison, cosa que no ha pasado con Bob Dylan, algunos lo han mejorado en sus versiones.

Más que la letra, el mensaje era lo importante. Y Van sabía estirarlo, retorcerlo, susurrarlo o gritarlo a pleno pulmón a su antojo. Y al final, ante tal derroche de intensidad, ante tan convincente y trabajosa (a veces agotadora) exposición y desarrollo, no podía caber duda: la curación había comenzado. 

Van creía en los cambios, en la evolución y crecimiento de su música. Estaba en contra del malditismo en el rock. De hecho, en los setenta ya no se consideraba un artista de rock en absoluto.

No entendía por qué los críticos escogían su “Astral Weeks” como uno de los mejores álbumes de la historia del rock, cuando no es rock (¿complejo de inferioridad de la crítica?). Decía que “shake it baby” y “clap your hands” ya lo había hecho antes con Them, y que estaba intentando investigar un poco y ponerse a hacer otras cosas.

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Aseguraba que él cambiaba constantemente de opinión porque las obsesiones podían convertirse en locura, una locura que al parecer llegó a bordear en alguna ocasión (todo esto sin ir vestido de negro y adoptar poses chic atormentadas, la procesión iba por dentro).

“Into The Music” fue su último gran disco de los 70, el que precedió a su etapa “new age”, bastante denostada y aún así con canciones únicas, sorprendentes.

Van se movía, intentaba hallar un nuevo camino, hacer algo nuevo con su música. Iluminarla, convertirla en color, hacerla transparente o desvanecerla en silencio.