El mayor recuerdo que tengo de Bob Marley es sentir en mi nuca su fuerte respiración, que se entrecortaba por el esfuerzo. Fue el día que jugué al fútbol en contra de . Partido entre promotores de Gay Mercader y periodistas contra la mayor parte de la gente de la gira del rey del reggae.

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Para decir la verdad no me acuerdo de cómo quedó el partido. Creo recordar que ganamos nosotros. Bob Marley metió dos goles. Pero el jamaicano no era precisamente Pelé. No era un jugador muy técnico. ¿Qué es lo que hacía mejor?. Correr y correr, como un poseso. Parecía imposible con los “ petas” que se metía.

Marley no hablaba mucho. Había que sacarle las palabras a regañadientes, pero cuando hablaba lo hacía como un líder político. Tenía la asombrosa facilidad de decir grandes cosas con una sencillez rayana en la genialidad. Por ejemplo, solía decir que su corazón era como el agua, pero que también se podía convertir en una piedra. Siempre maquillaba las frases con su vocabulario sobre la naturaleza.
No era muy simpático. Pero suplantaba su árido carácter con bromas que a veces resultaban sorprendentes. Por ejemplo, a Carlos Juan Casado, que era el A&R de Island antes de convertirse en director de Virgin en España, le había regalado un sombrero mejicano, que nadie sabía de donde le había sacado.

En realidad, Carlos Juan Casado era el artífice de que pudieramos conocer la música de Marley. Él se había empeñado y encima había convencido a Gay Mercader para traerlo a actuar a España. Gay Mercader también se había convertido en una fan de Marley. Hasta el punto extenuante de que sólo escuchaba sus discos.

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Llegada al aeropuerto de Ibiza

Por eso, esa noche en la plaza de toros de Ibiza, me pude meter en el autobús de Bob Marley y conocerlo y tratarlo como un amigo, sin ni siquiera tener que pasar como periodista.

Recuerdo que era una fecha o dos, después de mi cumpleaños y Marley me felicitó con una extraña melodía de cumpleaños, porque se lo pidó Carlos Juan. Aquella noche en la Plaza de Toros de Ibiza no había mucha gente para verlo. Pero esa noche, entre mi melodía particular y la magia de Marley en el escenario, me convencí de que estabamos ante uno de los más grandes artístas del siglo XX.

De las bromas y de las risas de aquella noche en su autobús, siempre me acordaré de que Bob le decía a Carlos Juan:

Seguro que no se van a escapar los toros, ¿eh?.

Y se reía sin parar de fumar.

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Un par de años después, en Barcelona, Marley le volvía a gastar a Carlos Juan la misma broma ,porque nuevamente actuó en la plaza de toros, en la Monumetal y fue el día que jugamos al fútbol por la mañana. Era un 30 de junio del año 80. Ya no le vimos más, porque el cancer de pulmón ya se había apoderado de Bob.

Macabramente, mi querido Carlos Juan moría años después también de los mismo, del puñetero cancer de pulmón. Siempre estarán juntos en mis recuerdos.

Por afinidad y amistad con Nacho Escola he seguido en contacto con la familia Marley. Sobre todo, con Rita Marley, que nació en Cuba de madre cubana, pero que es inútil que le hables en castellano, porque jamás lo habló. Salió de niña de Cuba. Y, si, si, realmente se llama Sarita.

Nacho y yo la convencimos de que cantara una nueva canción, a la que le habíamos agregado palabras del propio Bob. En julio del 2004 grabamos en Londres la voz de Rita y le encantó la canción. La letra era de Nacho y decía que “en el cielo se encontrarían”.

Rita es una mujer increíble. Es posible que la gente la relacione sólo con los negocios de la Fundación Marley, pero lo cierto es que todavía parece una mujer enamorada del recuerdo de Bob.

Rita me contó que, a pesar de que odiaba a la familia de su padre, el capitán inglés Marley, no podía evitar su genes de Liverpool y que por eso le gustaba tanto el futbol. Me aseguró que, a pesar de todas las leyendas sobre su tumba y su definitiva ubicación, Bob sigue enterrado en Nine Miles, en Santa Ana y que supone que en el ataud todavía estarán la guitarra y la Biblia que metieron junto a su cuerpo.

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A Rita le vuelven loca los mariscos. Una noche en el restaurante londinense Menzies, entre crustáceo y crustáceo, me contó uno de los secretos mejor guardados sobre la sexualidad de Bob. Rita me aseguraba que a Bob le encantaban las bebidas “pervertidas” como las denominaba. Y que ella “inventó” el mejor afrodisiaco de Bob.

Un afrodisiaco hecho a base de cocer un poco del líquido del fruto del pan, tan habitual en Jamaica. Luego, mezclarlo con leche condensada y un buen relleno de cerveza negra Guiness. Para Bob era la bomba.

Rita tampoco sabe exactamente los hijos que tuvo Bob y me explicaba con un rictus de tristeza:

A Bob le gustaban demasiado las mujeres. Pero aún así no es lo peor de lo que tengo que aguantar. Ahora tengo treinta y ocho nietos. Las cosas se ven de diferente manera. Mucha gente ha culpado a Bob de machista y mujeriego. Me ha hecho llorar muchas veces. Me ha humillado, pero era mi hombre ,el amor de mi vida y lo tengo en el corazón. Las otras mujeres no fueron tan importantes para él. Y, para mí, de alguna manera los hijos que tuvo con otras también son mi hijos, como en el caso de Julian, Damián, Rohan o incluso Marlon. En estas cosas hay “sangre”, nada de abogados. Nosotros somos la familia Marley. Y Bob nos mira a todos, aunque tu no sabes lo que es aguantar payasos, enfermos, mentirosos que siempre vienen con un cuento. Que si son autenticas madres de hijos de Bob, que si son reencarnaciones de él mismo, que si son hijos del más allá. Es muy difícil vivir en Jamaica con esta sensación.

Rita aclara que oficialmente, Bob sólo tuvo once hijos y tres de ellos con ella. Lo demás son especulaciones y problemas legales que impiden que Hollywood pueda hacer una película sobre la vida de Bob, a pesar de los radiantes intentos de la Warner.

Respondo de que Bob nunca supuso que se pudiera convertir en el mayor líder del Tercer Mundo y el icono que más camisetas vende en este globo, muy por encima del propio Che Guevara. En el fondo era una persona tan primaria como sus propias canciones.

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Vivía para su música, sus afrodisiacos, su fútbol, su “kaya” ,su “ganga”, y sus mujeres, aunque todavía se imponía un tiempo para reivindicar la paz y los derechos humanos. Incluso por encima de su imposible y estúpida religión “rastafari” que tenía a un dictador como el Negus como dios. Las reivindicaciones populares siempre estaban muy cerca de su “corazón de agua”.