Los viejos rockeros también mueren. La no tan inesperada caída del telón sobre el sobreviviente Johnny Halliday nos descoloca y destroza dos mitos recientes. Aquello de que España entierra muy bien, firmado por Rasputín Rubalcaba cuando le daban por muerto ,se ha quedado pálido ante esa explosión tanto popular como institucional que conmocionó al mundo entero.
Y el otro cantado por Miguel Ríos, cuando volvió a los ruedos con mas fuerza que nunca, de que los viejos rockeros nunca mueren pasa también a mejor vida con este animal del showbusiness que sin triunfar mas que en Francia, los franceses nos lo venden como un gran producto mundial. Y todo un símbolo del mejor chauvinismo. Que bien se lo montan los francés. Que bien lo vende. Que insana envidia.
Se nos murió una parte de nosotros y de Francia, clamaba ante la multitud de moteros y fans a prueba de frio y lágrimas seguramente sinceras, un teatral Macron con voz plañidera y afectada.
Los franceses nos cuentan que no se había visto nada similar desde el entierro del gran Victor Hugo hace como siglos. Se habla de que en aquella ocasión acudieron pesarosos dos millones de agradecidos lectores de uno de los grandes genios de la literarura de todos los tiempos.

No olvidemos que es el autor de “Notre Dame de París”. Este es el título original de esa maravillosa historia de amor comparable a la de Romeo y Julieta entre Esmeralda la Zíngara y Quasimodo el jorobado. Pero Hugo nos dejó una inmensa marea de sentimientos entre miserables y poesías que vencen al mismísimo tiempo.


Sin embargo, Johnny no fue “mas” que un aprovechado “versionero”robando éxitos a los demás, aunque fuera una bestia de escenario con un “directo” comparable al del mismísimo Elvis, al que tanto quiso e imitó.
Aquí también se cumple otros de esos mitos franceses de que cuanto quieren, adoran, venera, y no olvidan a sus grandes o pequeños ídolos durante todas sus vidas.
Eso si que es realmente envidiable. Nosotros que plañimos y enterramos muy bien, perdemos la memoria en cuanto llega un nuevo ídolo al que destrozaremos en cuanto lo encumbremos con mas celeridad que nadie en el mundo. Johnny será esa parte del alma francesa que nunca muere.
Todo lo contrario que este ingrato país tan poco generoso con el talento de los demás. Siempre cainita , siempre de que se trata que me opongo, siempre con esa frase lapidaria “pero ese que se ha creído”.
No respetamos a los cómicos o a los artistas en general, salvo en los obituarios. Lo que mas recordamos y se cuanta de la gran Lola Flores es la anécdota en un programa de televisión. Hablando de lo que deseaba cuando muriera. “Espero que me la metan en la caja. La bata de cola”
Sólo al alcalde Tierno Galván le hizo Pilar Miró un entierro con carroza y caballos digno de lo que cuentan que había pasado con María de las Mercedes cuando “la lloró todo Madrid”.
Espero que Granada le hago algo similar a lo de Johnny cuando Miguel Rios deje de ser el rockero al que tantas emociones debemos. Lo mismo que pido por ejemplo cuando el grandísimo Raphael se vaya para siempre encima de un escenario, le devolvamos esa alma española sin que nadie la confunda con fundamentalismos ni nacionalismos.
Entonces si se podría hablar de que algo está cambiando en este ingrato país.