Guitar hero … Jimi Hendrix in 1967. The songwriter would have turned 70 today.En un restaurante de la calle Alonso Cano de Madrid almorcé casi todos los días del mes de octubre de 1982 con Kevin Ayers, uno de los fundadores de Soft Machine e intimo de Pink Floyd.

¿Por qué? Yo le producía su decimotercer álbum, ‘Diamond Jack and queen of pain'. Kevin me contaba historias sobre los grandes, pero cuando salió el tema de se quedó muy triste, con la mirada en el infinito: “Yo fui testigo de cómo le arruinaron su vida; cómo se quedaban con su dinero o le pagaban con drogas hasta dejarlo en letargo”.

¿Drogas? Kevin tenía información de primera mano: “Chas Chandler, el bajista de los Animals, su descubridor, era un cerdo. Lo utilizaba como un caballo para ganar su carreras. A mí, Jimi me daba muchísima pena. Yo trataba de que se diera cuenta de lo que hacían con él, pero era inútil. Él seguía otra carrera. Hacia el infierno o quizá hacia el infinito”.

Kevin Ayers vivió una gira de telonero de Hendrix en los Estados Unidos, en la primera mitad del año 1969. Me dijo que fue tan extenuante, tan deprimente, tan explotadora, que vendió su maravilloso bajo Fender Jazz blanco a Noel Redding, el bajista de Hendrix, y decidió escaparse a Ibiza, a la casa que Mike Jeffery, el gangster-mánager de Jimi Hendrix, tenía en la isla y donde le había hecho actuar a Jimi en su sala ‘Sgt. Peppers', en julio del año anterior. Kevin no volvió a ver nunca más a Jimi. Casi acaban todos en la cárcel cuando en mayo, la policía del aeropuerto de Toronto encontró en la maleta de Hendrix heroína y ‘maría'.

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Su última foto conocida antes de morir.

¿SUICIDIO?
El disparate del suicidio siempre ha sobrevolado las mentes de los profetas de la carrera de Hendrix. El viejo periodista Chris Welch, del desaparecido ‘Melody Maker', muy amigo de Jimi y compañero mío durante algunos años en la revista ‘Popular 1', insistía en que Jimi estaba deprimido pero estaba seguro de que su muerte fue accidental, de que no quería suicidarse. Jimi tenía 27 años cuando murió.

Sólo hubo un testigo de la últimas horas de Hendrix con vida: su última novia, la alemana Monika Dannemann, que se suicidó en 1996, dos días después de declarar ante los tribunales tras una denuncia interpuesta por otra de las viejas novias de Jimi. Su rival de esos días, Kathy Etchingham la culpaba de la muerte de Jimi. El viejo novio de Monika, Uli Jon Roth, el guitarrista de Scorpions, me dijo que Monika siempre había vivido con cierto complejo de culpa.

Chris Welch, que habló muchas veces con Monika, siempre sostuvo esta versión: “Aquel día, viernes, 18 de septiembre de 1970, Jimi fue al apartamento que su novia tenía Notting Hill. A las ocho y media de la noche le cocinó un plato y se bebieron una botella de vino blanco. Jimi se dio un baño y se pusieron a escuchar música hasta las dos menos cuarto de la madrugada. Hendrix le pidió a Monika que lo llevara al apartamento de unos amigos. Lo recogió una hora después. Le hizo un sandwich de atún. Ella se tomó una pastilla para dormir. Era la siete menos cuarto de la madrugada. Monika dice que habló con Jimi por última vez hacia las siete de la mañana”.

Todo lo que viene a continuación es muy confuso. Monika aseguró que se despertó a las 10.20 horas y que Jimi estaba simplemente dormido. Aseguró que se fue a comprar cigarrillos y cuando volvió se dio cuenta que Jimi respiraba mal, que se había tomado nueve pastillas de Vesperax para dormir. Monika se puso nerviosa y llamó a Eric Burdon, que, con su nuevo grupo, War, había convencido a Jimi que tocara con ellos por última vez en su vida durante una ‘jam' en el club de jazz de Ronnie Scott.

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Con Kevin Ayers, en días de gira.

Burdon ejercía una fuerte influencia sobre Hendrix. En The Animals, había sido compañero del explotador mánager de Jimi, Chas Chandler. Quería ejercer de ángel custodio y trataba de convencerle de que no volviera con Chas.

Tres días después de la muerte de Hendrix, Eric Burdon apareció en la BBC asegurando que Jimi se había suicidado y que había dejado una nota. La verdad es que Jimi constantemente escribía pequeños poemas y muchos de ellos estuvieron en poder de Monika meses después de su muerte. En ninguno de ellos se hablaba de suicidio.

En cualquier caso, Burdon siempre le echó la culpa a Monika de la muerte del guitarrista. Welch siempre ha sospechado que, cuando Monika llamó finalmente a la ambulancia, sabía que Jimi ya había muerto. Eso fue a las 11.25 horas de la mañana. A las 11.45 horas fue dado oficialmente por muerto en el hospital St. Mary Abbott de Kensington. Días después, el ‘coroner' Dr. Thurston dictaminó que Hendrix había muerto ahogado por su propio vómito, sobre todo de vino, con intoxicación barbitúrica. Pero la cuestión clave la dejó soplando en el viento: “¿Por qué se tomo tantas pastillas para dormir?. La pregunta no puede ser contestada”.

Welch también desvela que Jimi le había prometido a Monika que se iban a casar. Otra novia del guitarrista, Jeanette Jacobs aseguró que había viajado de Ámsterdam a Londres porque su amiga Monika le había dicho que la quería en su boda con Jimi.

Un médico que intervino en el caso, el profesor Teare declaró que la dosis corriente para dormir con Vesperax era de media pastilla. ¿Por qué Jimi se metió nueve? Una vez más ¿quiso llamar la atención? La vida de Hendrix era riesgo e imaginación, pero era excesivamente sensible y con extremada facilidad para deprimirse.

Hendrix, en su percepción anímica, tenía motivos para estar deprimido. Su actuación en el festival de la isla de Wight pasó sin pena ni gloria. Una actuación que quedará reflejada en mi vida como una de mis mayores torpezas, porque, desgraciadamente, no la pude ver. Me quedé dormido cuando apareció, casi a las dos de la madrugada de aquel domingo 30 de agosto del 70. El sonido fue tan malo que Jimi Hendrix llegó a decir: “Id a tomar un perrito caliente y luego volveis a verme”.

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Días después, en Aarhaus, en Dinamarca tocó sólo dos canciones y se marchó del escenario con estas palabras: “Hace tiempo que estoy muerto”. Por si fuera poco su viejo amigo del ejercito, Billy Cox, su nuevo bajista, había dejado a Jimi y regresado a su casa en Memphis, con una grave depresión y terrores nocturnos, producto de su afición al LSD.

Quizá Jimi quiso dormir para siempre o, simplemente, resucitar desde el hospital y pedirle perdón a todo el mundo por el numerito que había montado. Ya lo escribió en ‘Purple haze': “Excusadme mientras beso el cielo”.

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