La portada de una obra maestra, el mejor album del año

Afortunadamente, no he perdido esa sensación de que algo cae en tu estómago, una especie de escalofrío, que es cuando escucho algo sublime, superior, irresistible.

La verdad es que me había pasado poco este año, por eso, cuando he escuchado el primer tema del album “Gold Dust“, del increíble Jonathan Jeremiah he sentido una profundad felicidad, una profunda y enorme alegría interior.

Su segundo álbum es todavía es mejor que el primero y parecía algo imposible con aquel excepcional “A solitary Man”, con pequeñas obras maestras como ‘Heart of Stone', ‘If you only', ‘See' y el gran ‘Lost'. Cuatro temas increíbles.

Pues, bien, el álbum vuelve a arrancar con un poderoso ‘Gold Dust'. Es como ‘See', pero en superlativo. Que maravilloso arreglo, otra vez, de Jules Buckley, el mejor arreglador, conductor de música que he escuchado desde los tiempos de John Barry. 

Sí, porque Jonathan ha repetido con Jules, pero esta vez han llamado a la orquesta la Metropole Orkest. Ha grabado en los estudios Metropole, donde su icono de Scott Walker.

Pero estoy seguro de que Jonathan Jeremiah tiene un estilo propio. Canta maravillosamente, escribe temas soberbios y encima está apoyado por esos arreglos de otro mundo.

Me he emocionado mucho, mucho, con el segundo tema ‘Fighting since the day we are born'. Soberbia canción de amor. Obra maestra absoluta. Increíble, increíble.

Pero luego te vas a ‘Everyday Life' y levitas. Escuchas ‘You Save me' y la sensibilidad rebota hasta lo increíble. Y te emocionas, no te lo crees con ‘Chatsworth Avenue'.

Y, al final, te preguntas: ¿De donde sale este tío?. Compone mejor que nadie, canta mejor nadie y hace unas grabaciones que rayan en la perfección. Un bicho raro en estos días.

Pues, bien, a este bicho raro, su compañía Island no publica sus disco  en el Reino Unido, a pesar del sensacional éxito que tiene en Alemania y Holanda. La música de este londinense debe ser demasiado buena para las porquerías que editan. Es incomprensible.

Yo sé que es porque no pueden calificarlo. No es un pepito piscina como Calvin Harris. No es una loca como Robbie Williams y no suena a Cat Stevens.

Es que Jonathan Jeremiah es más que todo eso. Incluso supera al mismísimo Scott Walker. Y ya van dos álbumes. No se trata de una casualidad.

Ya es para mí el mejor álbum del año, con mucha diferencia.