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Todas las páginas musicales del mundo daban la noticia como si se tratara de la verdadera resurrección de Kurt Cobain. Hasta emisoras presumían de que ya tenían un nuevo single del grupo. Lo que fuese.

Vamos, la noticia era que los Strokes publicarán un nuevo álbum en este 2013, más que probablemente en octubre. ¿Es para tanto?. Me pregunto: ¿hay realmente tanta hambre por un grupo que no es más que una reunión de hijos pijos y millonarios?.

No entiendo ese furor más que uterino por un grupo que en directo es casi un  desastre y, encima, donde los dos pijos compañeros de estudios que se conocieron en un colegio caro, muy caro en Suiza, ahora se lleven como el perro y el gato.

Los dos, con connotaciones españolas. Porque  Julián Casablancas es hijo de un catalán que hizo las américas en Nueva York y Albert Hammond, gibraltareño y más español que Karina, al que le hizo algún éxito que otro.

Incluso el último álbum “Angles” era un puro error de una música, con dos fuerzas diferenciadas, dos estilos diferente. Además, fue casi un fracaso comercial.

En fin, es bueno que nos emocionemos por casi cualquier cosa. Me alegro de que los  Strokes vuelvan. Pero no, no es como el regreso de David Bowie, aunque así lo festeje la prensa. Y me hubiera gustado.