EL GRAN FINAL DE LAS OLIMPIADAS “MUSICALES”

Un cierre a la altura de la apertura. La Olimpiada de Londres se despidió con un espectáculo muy musical, chispeante, divertido, imaginativo y colorido. Con el punto hortera intrínseco a este tipo de eventos, y con las inevitables dosis de chauvinismo tan caro a la idiosincrasia británica, pero han sido generosos en medios y brillantes en ejecución.

En la ceremonia de ayer hubo un poco de todo. Un espectáculo nada lineal o monocromático, si de contrastes. El momento cursi de Take That; el emocionante de un John Lennon cantando en pantalla ‘Imagine’, con un coro infantil de fondo ensamblado a la perfección; el magnífico de una Annie Lennox encaramada en lo alto de un galeón; el sentido de ‘Read All About It‘ de Emeli Sandé; el épico de Muse haciendo una lectura súper vitaminada de su canción olímpica…

Pero, sin duda, el momento culminante de la primera parte (lo siento por Madness y Pet Shop Boys) fue Ray Davies cantando ‘Waterloo Sunset’, una de las canciones verdaderamente inmortales del evento. Davies es el escritor laureado de Londres, uno de sus mejores poetas.

Elbow sirvieron para poner la música inicial al desfile de los atletas. Después, de forma inexplicable, con la cantidad de buenas canciones que se han quedado en el tintero, sonó por segunda vez la misma secuencia de canciones: ‘Our House’, ‘Parklife’, ‘West End Girls’ y ‘What Makes You Beautiful’, una detrás de otra. Repetición absurda y el gran fallo de la ceremonia.

George Michael parecía ir “enlatado”; Queen buscando como siempre, infructuosamente, a Freddie Mercury (ayer Jessie J.); Las Spice Girls, reunidas para la ocasión, subidas en cinco taxis recibiendo una ovación desproporcionada, absurda…

La aparición de Eric Idle de Monty Python fue de lo más delirante y surrealista. Vestido de hombre bala – fallido- salió apenado del cañón y se marcó un animado ‘Always Look In The Bright Side Of Life’ acompañado, en coreografía inaudita, de monjas, romanos, ángeles e hindúes. Todo ello rematado limpiamente por una banda de música escocesa. Quizá, EL MOMENTO de la gala.  

Ed Sheeran cantó bien, un poco tímido, ‘Wish You Were Here’, acompañado de Mike Rutherford y el Floyd Nick Mason. Mejor fue el número del equilibrista, reproduciendo la portada del disco de Pink Floyd al final del cable. Intrascendentes, los minutos “descapotables” de Jessie J., Tinie Tempah y Taio Cruz, rematados con versión de Bee Gees.

La parte brasileña fue de lo mejor de la noche, a pesar del “rapero de las bombillas”. Sobre todo ‘Aquele Abraço’ cantada por Marisa Monte. Un abrazo cuyo destinatario final resultó ser el mejor jugador de la historia del fútbol: Pelé.

Recuerdos a los Beatles constantes. Una escenificación de la parte mccartniana de ‘A Day In The Life’. Un vistoso ‘I´m The Walrus’ cantado por Russell Brand (aka Willy Wonka). ‘Mr. Blue Sky’ de la ELO, que es casi como decir Beatles, y un ‘Wonderwall’ maullado, sin mucha fortuna, por Liam Gallagher al frente de Beady Eye.

Y un homenaje en pantalla al gran ausente, el retirado David Bowie.

Los Rolling Stones sonaron al menos en la ceremonia de apertura, pero Elton John ha sido el gran ignorado de estas Olimpiadas. Olímpicamente ninguneado.

Los Beatles son el grupo más importante y universal del pop británico, sin embargo los verdaderos héroes de la noche fueron The Who.

Primero en buena versión de Kaiser Chiefs. Un ‘Pinball Wizzard’ con invasión de vespas y lambrettas en la pista del estadio. Se necesitan nuevos mods, que los pocos que hay ya están en su tercera o cuarta adolescencia.

Y como cierre del especial 50 años de música UK, un medley de ‘Baba O´Riley’, ‘See Me, Feel Me’ y ‘My Generation’, breve y contundente. Y con un Roger Daltrey – uno de los y frontman de la historia del pop británico, si no el mejor- dando una lección de como cantar fenomenal con casi 70 años (supongo que Liam Gallagher debería estar babeando).

TVE debería haber sido más previsora, teniendo en cuenta que las Olimpiadas de Londres iban a ser tan musicales, y haber contratado para estas dos ceremonias a algún especialista en la materia, que los hay y muy buenos. Los comentarios eran casi inexistentes – sobre todo en la gala de apertura-, vaguedades tópicas cuando no apuntes desafortunados. Los Bee Gees no son australianos, son británicos emigrados a Australia, etc…

Londres 2012 será recordado, en lo extra deportivo, como los Juegos Olímpicos de la música. Eran sus cartas, y las han sabido jugar muy bien.