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Esto es lo que escribió , ayer , en EL MUNDO:

Nadie podría discutir la irreductible personalidad de la voz de Germán Coppini. Aunque el perverso talento  del cantante de Siniestro Total, el cantante de Golpes Bajos , dos piezas insignes del escaparate de los años grupos de los años ochenta, residía en su  brutal imaginación como poeta del pop. Lo que David Bowie decía que era el sol , la luz incandescente de las canciones. Es posible que como enorme letrista , Germán fuera el Jim Morrison gallego, aunque había nacido en la montaña santanderina. El poeta de las tribulaciones de la vida con la música. Aunque a Bowie nunca le gustara Jim Morrison.

Escucho ahora mismo “Colecciono moscas” con Golpes Bajos y no dejo de sorprenderme con esta letra:

”¡Mira que están locas estas bichas tan gordas! ¿y qué? .Escenas macabras te brinda mi caja. Festín que preparo todas las mañanas, estos insectos voraces no se conforman con nada. Se roban bocados quedándose hartas”.

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También ese terror a la sociedad actual con la formidable “No mires a los ojos de la gente”. Su absoluta prevención y desdoro hacia la sociedad con frases como :”No mires a los ojos de la gente me dan miedo, mienten siempre.No salgas a la calle cuando hay gente¿y si no vuelves? ¿y si te pierdes?.Escóndete en el cuarto de los huéspedes con todo a oscuras. No pueden verte”. Terrible, tremendo.

Encima la música de Teo Cardalda, su Teo del pupitre del colegio, daba la sensación que estábamos ante la posibilidad de asistir al proceso del mejor grupo de toda la historia del pop español. Eran Golpes Bajos.

Uno estaba receloso, con tanta visita a mi nido del sonido, porque con Luis Fernandez Soria , magnífico amigo, soberbio ingeniero, habíamos creado una técnica de trabajar, una sonoridad en los estudios Audio Film. Ahora todos iban a grabar al estudio y con Luis.

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Por ejemplo, Nacho Cano y su proyecto con La Unión y, desde luego, Golpes Bajos, impulsados por Mario Pacheco mi querido amigo y maravillosa persona, a través de su sello alternativo Nuevos Medios.. Fue Luis quien me descubrió la extraña, a veces soñolienta personalidad de Germán. Nacho Cano se había convertido en su más enfervorizado fan , hasta el punto de unirse en un proyecto común, con temas como “Dame un chupito de amor” y,sobre todo, “Pepito el Grillo”, en que Germán se rendía a su propio talento: “Soy la sombra que has perdido al comenzar a andar. No sentirse el ser querido. Mi mandato esta incumplido. Que nos queda ya, este grillo abatido no puede ahora cantar”.

Paralelamente, Teo Cardalda vino a mí, porque quería volar alto. Entre los dos se nos ocurrió el grupo Cómplices. Teo no era un poeta, pero un músico con una naturalidad soberbia. No supe nunca la verdad del distanciamiento entre ambos, aunque hace quince años se volvieran a reunir en una gira que tampoco funcionó bien. De cuando él se fue con Nacho y Teo conmigo, recuerdo algo como que no me sentó nada bien: ”Te has equivocado de tío”. No sé si le llegué a contestar. Supongo que me defendí de mi subordinación más a la música que a la letra. Algo semejante.

Los de la movida que nunca existió le condenaron injustamente por haberse vendido al oro de Mecano. Fueron despreciables y absolutamente crueles. El sé quedó con nuestro Luis Fernández Soria y entre ambos hicieron “El ladrón de Bagdad”. Otra vez, magníficas letras como “Alien Divino”. Pero no se sentía seguro para estar sólo en el alambre y empezó un recorrido por el el universo del pop a base colaboraciones, con Alaska, Las Manos de Orlac, hasta en el disco homenaje de Antonio Vega. Nunca encontró su perfecto lugar en el sol del pop español.

Tampoco halló refugio en la música con sintetizadores en Lemuripop, con los contubernios de la música electrónica. No dibujó con lápices brillantes en su extraño trabajo con el album “Carabás”, a pesar de que había vuelto con Mario Pacheco.

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Hasta que este mismo año publica su “América Herida”, en el sello Lemuria . Lo firmaba como Los Voluntarios. Germán creo que sabía donde terminaba su destino con la vida. Quizá al final se dio cuenta que realmente un cantautor , como esas canciones comprometidas de los “milaneses” americanos , que revindicaba Coppini. Se creía que debía asistir finalmente al  cierre del telón con canciones de Victor Jara, Violeta Parra, Carlos Puebla. Reivindicar vida con la poesía.   Germán debió creer era peor que ellos por no haber sido comprometido socialmente con sus letras. Algo absurdo. Quizá quiso hacer este album para el aprendizaje de muchos autores musicales que “militan” en la “ignorancia”; jóvenes creadores sin referentes que andan medio perdidos , como el propio Coppini en el laberinto de su talento.

Quizá se dio cuenta que había sido lo que había sido . Un poeta del pop maravilloso, más que una estrella del rock o ese icono estúpido que se convierte en estrella de la música. Germán escribía canciones que daban gritos. Algunos aterradores, otros obscenos y profundos, palabras que se mataban a besos, pero siempre volaban como los pájaros de “A Santa Compaña”.