GEORGE HARRISON Y SCORSESE, CAL Y ARENA

Hoy no me he levantado bien. Cuando eres un poco consciente, sólo un poco, recuerdas que te dormiste muy tarde. ¿Por qué?. Había recibido : Living in the material world en Blue Ray – un gran detalle- y el documental (me niego a llamarle película) de tiene una duración de unos 230 minutos.

Es decir, casi cuatro horas, incluyendo los extras.

Me la metí entre pecho y espalda. Llegué malamente al final. Pero creo más que por culpa de la narración, por culpa de Scorsese, que se cansaría como yo de seguir la vida de Harrison, el “beatle” tranquilo, para mí el “beatle” envidioso que jamás pudo con la losa de Lennon/Mc Cartney. Claro que era demasiado losa.

Scorsese divide el documental en dos partes. La primera parte desde el nacimiento de George hasta que se hace mayor y triunfa con su “All  things must pass”.

Una primera parte prodigiosa de narración, de ritmo. Efectivamente, el argumento es magnífico. Es la historia del tiempo de George en los Beatles .

La segunda parte es farragosa, poco coherente, mal narrada, incongruente, nada vibrante como historia. Son los Tiempos de George con Bangla Desh, Friar Park, su vagancia, su aparición con Hand Made cinematográfica, que falló estrepitosamente, sus mediocres discos y esa especie de supergrupo Traveling Wilburys, que tenía algo más de surrealista que de seriedad musical.

Y también su muerte. Su muerte tranquila, que trata de darnos un mantra.

Menos mal que Scorsese termina la cinta brillantemente, como en él es natural, en cualquiera de sus películas, aunque haya sido coñazo.

La película acaba con las lágrimas de Ringo al contar la última frase que escuchó de su amigo George y esa “luz” magnífica de Olivia,  la única que es natural en esta película.

Los demás hacen un ejercicio de vanidad y “yo mismo” a cuenta de George. Desde Paul Mc Cartney, pasando por Yoko Ono, Tom Petty, incluso Phil Spector, que se apunta el tanto de que él fue quien le convenció a George de que ‘My sweet lord’ era un single y un éxito. La anecdota de Yoko es un ataque directo a Paul, a cuenta de ‘Something’ de George, porque para la viuda todos los singles de los Beatles tenían  que ser de Paul.

Y, ¿Dylan?. Dylan no aparece y ese es otro capítulo.

Hay secuencias geniales de Scorsese, a pesar de todo. Sobre todo, como se narra la historia de como Eric Clapton le arrebata a George a su propia mujer, Pattie, a pesar de la amistad. La vieja historia de que tu mujer se va con tu mejor amigo.

George escribió una de mis canciones favoritas, ‘Isn´t it a pity’, narrando la historia de la escapada de su mujer Pattie con Clapton.

Y, luego, aparece la versión de Clapton, con una verborrea machista que destila conervadurismo: ya sabes, coches y chicas. Es Pattie quien cuenta mejor la historia y como Clapton le subyuga cuando le pone en un nido de amor en Chelsea de Eric,  la más rabiosa canción de amor: ‘Layla’.

No creo que Living in the material world sea peor documental que el de No Direction Home de Dylan. Tampoco es mejor que The Last waltz, un clásico absoluto. Y tampoco es mejor que Shine a Light para los Stones, aunque George fue un beatle y eso si que ilumina la película, como decía Olivia.