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George tan contradictorio. Tan místico, religioso, como mundano por su locura por la Formula 1, como Eric Clapton.

Extraño personaje . Dos veces he conversado en mi vida con el “beatle” más tímido. La primera ocasión fue en el circuito del Jarama, en una de la últimas carreras de Formula 1 que se celebraron en esta pista,  a finales de los años setenta.

Todavía escribía por esa época  en el diario Marca. Así que tuve el chivatazo de primera mano para acudir aquel domingo a los “boxes” y encontrarme con un George Harrison más amable de lo normal, en plena euforia de su extraño y misterioso amor por las carreras de coches.

Me acuerdo que lo abordé intuitivamente sin ni siquiera presentármelo nadie. Así que lo hice yo mismo y le pregunté de donde venía su amor por las carreras. Ante mi estupefacción, me contó:

-Tenía 12 años  y fue a ver mi primera carrera en Liverpool, en el circuito de Aintree. Luego,estuve en los Beatles, pero nunca dejé de ir a las carreras. Sobre todo, siempre me escapaba al circuito de Mónaco. Y ya me ves aquí. Siempre haciendo fotos.

-Pero,¿te has atrevido alguna vez a conducir un bólido de F-1?

-Sí, hace unos pocos meses,mi amigo Barry Sheene me dejó correr en su Mercedes.Sí,creo que ese era el bólido. No era un coche competitivo,pero para mí ya fue mucho. Y eso que no corrí demasiado.

-Me ha dicho que te conoces todos los circuitos.¿Cual es tu favorito?.

-Mi favorito siempre ha sido el de Interlagos. Por mi amistad con Fittipaldi, pero me han gustado el de Paul Ricard y me gusta mucho este del Jarama. Te lo digo de verdad.

Luego traté de que me contara cosas de su relación con los otros tres “beatles”. Pero fue como casi imposible.

-Son mis amigos, mi viejos compañeros.

-¿Hay posibilidad de que volvais a hacer un disco juntos?.

-No, no creo. Imposible.

Se sabía que George Harrison era el más reacio de los cuatro a volver a los tiempos del grupo que según su definición “le había roto su sistema nervioso” , frase que siempre molestó muchísimo a Paul Mc Cartney.

Total que seguimos hablando de coches . George Harrison nunca perdió su devoción por las carreras. Es curioso como en junio del 2001 acudió al Gran Premio de Canada . Tan sólo cinco meses después moría en la casa de Paul en Los Angeles, en las collinas de Bervely Hills.

La hija de Ravi Shankar , con motivo de su nuevo album, me contó que su padre vivió parte de las últimas horas  en la casa de Paul. George estuvo 36 horas en coma antes de morir.Los amigos de George en la fe de Krishna, Shayam Sundara y Mukunda cantaban cuando moría a la 1 y veinte minutos del 29 noviembre del 2001.

Paul Mc Cartney siempre fue muy discreto en torno a la muerte de George Harrsion. Por encima de todo siempre ha querido respetar los últimos deseos de su viejo compañero.

En las puertas de la muerte,George Harrison todavía luchaba contra su cancer de pulmón y seguía con el desesperado tratamiento que le habían impuesto en el Hospital Universitario de Brentwood. Paul lo sabía y le dejó su nueva mansión de Bervely Hills ,que le había comprado a la viuda de Kurt Cobain, la impresentable Coutney Love, hacía un par de años por unos 5 millones de dólares.

La mansión está en el numero 9536 de Heather Road. Es una preciosa casa hecha en piedra ,que está bastante cerca del hospital donde George lba a recibir su tratamiento.

Pues, bien, cuando ya parecía que Mc Cartney y la insaciable Heather Mills habían llegado a un precio de acuerdo-40 millones de euros para ella- para el divorcio, Heather se ha descolgado con el razonamiento que la casa no entra en el trato ,porque cuando la compró Paul le dijo que eso era un regalo para ella. Y que su palabra vale tanto como los tribunales.

Mc Cartney nunca ha sido un forofo de Hollywood ni mucho menos de Los Angeles ,pero ahora le han tocado la fibra ,porque en esa casa murió George Harrison ,rodeado de los suyos y guarda un enorme poder sentimental. Pero la avaricia de Heather sobrepasa cualquier imaginación.Todavía se escriben artículos ,libros y especulaciones sobre los restos de George. Pero lo cierto es que tan sólo 20  minutos después de su muerte, Ravi Shankar acompañó a Olivia, Dhani y esos dos amigos al cementerio de Hollywood ,donde diez horas después fue incinerado ,casi en el mismo lugar donde están los restos de Mama Cass.

Olivia, su viuda, se encargo de transportar las cenizas varios diás después. Primero a la isla grande Hawai ,donde George tenía su casa favorita. Otra parte de las cenizas se dispersaron sobre el Ganges y nadie sabe en que zona.

La última vez que ví a George fue en Londres un año antes de morir,en los primeros días de diciembre del años 2000 ,a propósito del re-lanzamiento del abum de más éxito de su vida,”All things must pass”, un curioso título para despedir su vida.

Incluso se había atrevido con una nueva versión de “My sweet lord” ,algo que tenía en su cabeza desde que perdió el litigio por plagio. con los autores de la vieja canción de las Chiffons, “He´s so fine” ,demasiado parecida a “My sweet lord”, que  había compuesto George.

Sólo tuve diez minutos de entrevista . George no tenía buen humor aquel día.Ni siquiera quiso sentirse  muy positivo. Y no me gustó una cosa que me dijo.

-Paul me trató siempre como un niño pequeño. Y John, simplemente, se olvidaba de mí. Nunca me sentí importante en los Beatles.

Tampoco habló bien de los que le sacaron más de cinco millones de dólares del plagio y.amargamente, me reconocía:

-De querer haber imitado alguna canción con “My sweet lord” sólo me hubiera salido “Oh happy day” .Nunca la de las Chiffons ,pero era un “beatle” y fueron a por mí. Ahora, al volver hacer la canción me he convencido de mi inocencia.

George estuvo más solícito con su espiritualidad. Quizá con su forma de vivir.

-No me importa nada la fama. Ni nunca he querido la popularidad. El concepto para mi importante en la vida es la búsqueda de la propia paz interior. Así que eso es lo que busco apasionadamente.

Curiosamente, esto fue lo que George me dijo sobre sus problemas de salud.

-Hace unos meses me operaron de una pequeña cosa en la garganta, un pequeño tumor, pero ahora estoy muy bien. Plenamente recuperado.

¿No sabía que su cáncer era terminal?. ¿Lo sabía , pero siempre miraba hacia delante?. Ni lo supe ni jamás lo sabré.