Este es el verdadero James Blake, un rostro que quiere ocultar en la portada de su sobresaliente "opera-prima"

Sobresaliente debut discográfico de James Blake, que se metió en el mundo de la música con una revolucionaria versión del tema de Feist, ‘Limit to you love'.

Es quizá el disco más misterioso, más difícil de descifrar y más estrambótico que he escuchado ultimamente. Es pura vanguardia, a pesar del minimalismo, del juego inconcreto de armonías, pero es intrigante, inteligente.

Blake tiene 23 años y muchas contradicciones, cosa que es de esperar. Parace peleado con el mundo. Pero no deja de ser curioso que avele su apego, su amor “fou” al dubstep, un movimiento que nació en Croydon, al sur de Londres, una 34 millas lejos de Enfield, en el norte, donde nació James.

Pero dice que desde que tenía diez años ya escuchaba músicos vanguardistas como John Cage, siempre tuvo metida la vena de la vanduardia. Su idolo es el conoclasta músico de bailes, Arthur Russell o Bon Iver. Esos son sus héroes. Aunque le pueden llegar a gustar Thom Yorke e incluso R. Kelly.

En la tercera canción dice no importarle no hablar ni con su hermano ni con su hermana. Si habla con su madre, una diseñadora. En cambio,  reniega de su padre. No quiere saber nada de él, aunque se sabe que es un músico no excesivamente brillante, llamado James Litherland, que tocaba en los grupos de Long John Baldry y Leo Sayer, en los años sesenta y setenta.

Pero el debut de Blake es sólo un grito más de soledad, de espíritu inquieto, excesivamente encerrado en su música, en su programador, en su modesto sintetizador y su “auto-tune”, al que maneja con profusión.

Vamos a tener muchos personajes dolidos en su soledad, que hacen sus álbumes ya no en su casa, sino en sus habitaciones, mientras todavía viven en las casas de sus padres. Tenemos ya muchos casos de soledad  como el de James Blake.

Abajo, ‘Limit to your love'.