Las cuatro o cinco veces que hablé con , siempre me pareció un irlandés asequible, condescendiente e incluso generoso, cuando no había alcohol de por medio.

La última entrevista se la hice hace cuatro años atras, sólamente, a propósito de un gran concurso que hicimos en M-8o, con e las guitarras Gibson  de protagonistas y su emblemática Les Paul.

Me habló bien de todos los guitarristas de blues, incluso Clapton. No me habló muy bien de los puros “heavys”, por ejemplo, de mi admirado Ritchie Blackmore.

Sólo me insistía en que era sólo un guitarrista de blues. Ni más ni menos. Tampoco me olvidaré nunca de un paseo con Gary, a Sam Ash, la maravillosa tienda de música cerca de Times Square, en Nueva York y su gran humanidad con los empleados que se declararon fans.

Junto a la cama de su suite en el Hotel Kempinski de Estepona, donde murió el domingo, con sólo 58 años, tenía su querida guitarra al lado.

¿De qué murió Gary?. Los tabloides británicos señalan como posible víctima de la combinación de una botella de champán, tres o cuatro brandies, después de una hamburguesa y …

Los “tabloides”, en busca del escandalo señalas un exceso de viagra, con la monumental chica que le acompaba, que ni aparentaba tener treinta años.

Es posible que Gary Moore se sintiera eterno, invencible y eterno. Pero no hay héroes delante de la muerte. Su amigo y fundador de , Phil Lynnot murió tras un coma, producto de un exceso de heroina.

Nunca me olvidaré de aquel maravilloso sólo de guitarra en ‘Mad dog woman', en el álbum de debut de su grupo Skid Row, formidable. Ni tampoco del de ‘Sarah', en el album Black Rose, una vez que Phil Lynnot, el líder de Thin Lizzy lo quiso en su banda. Y, desde luego, sus dos grandes éxitos: ‘Parisianne Walkaways' y ‘Out in the fields', en 1985.

Gary Moore siembre estaba o casi siempre de gira. En Estepona sólo vivió la primera noche de unas vacaciones de una semana. Un recuerdo para siempre.